“... Brevemente, Aikido es bueno para tu cuerpo, tu mente y tu corazón... Y es divertido.”
Yoshimitsu Yamada Sensei - New York Aikikai

31 de mayo de 2009

El AIKIDO por Míchel Piédoue

EL AIKIDO


Ser físicamente fuerte no es siempre una ventaja en una sociedad donde la primera tendencia será precisamente de limitarte a tu aspecto, para en seguida servirse de él. Ese ha sido mi caso. Fatigado de las provocaciones, tanto como de ceder siempre a las demandas de ayuda de los que no tenían la estatura para luchar, decidí paradójicamente ir más lejos practicando judo,

En esa época, el judo permanecía como el arte misterioso, la victoria de los más débiles sobre los más fuertes, Pero sobre los "tatamis" uno se desengañaba muy rápido. El judo es un deporte difícil, que no se puede disociar de la competición, y a mí apenas me atraía competir.

El competir, tal como los educadores deportivos lo repiten incansablemente, es la superación de sí, lo que no deja de tener una virtud, pero en conformidad al rendimiento de los otros. Esto tiene, para un hombre joven, algo de exaltante y de frustrante a la vez. De una cierta manera, competir despoja al deporte de su acción. Es más un trueque que una conquista: mi energía contra honores, dinero o el sentimiento efímero de ser alguien fuera de lo común. El deportista que se sacrifica por la sola competencia no prosigue su práctica más allá de los límites de su cuerpo. El se inscribe en una regla implacable: "debo rendir el máximo para tener el derecho de detenerme un día".

Todo esto, por inmaduro y poco habituado a la reflexión que uno sea, se resiente muy pronto. Tengo el recuerdo de haber luchado sobre los tatamis con todo el encarnizamiento de la juventud, pero sobre todo empujado por una cólera sorda contra los que me habían puesto en esa situación.

No se hace nada sin soñar. El adolescente lo sabe más que nadie. Pero muy pronto los adultos nos colocan en un cruce de caminos: ceder a ellos esperando llegar a ser un astro, o ignorarlos para proseguir nuestro sueño de héroe en busca de lo sobrenatural, Fue esa elección la que a los dieciséis años me impulsó por la vía del jiu-jitsu.

El jiu-jitsu es ante todo un combate por uno mismo. Ninguna otra meta que la de probar que en toda circunstancia se sabrá quedar con vida. Pero esta práctica también tiene sus limitaciones. Apoyándose esencialmente sobre las cualidades físicas del practicante (fuerza, rapidez, flexibilidad) nuestra eficacia, al disminuir estas cualidades, tiende igualmente a bajar. Ahora bien, el héroe no tolera ningún límite. El no cree ni en el envejecimiento ni en la muerte. El está ya inscrito en un mundo sobrenatural.

Y eso sobrenatural es lo que percibí al asistir por la primera vez a una demostración de aikido. Creer en lo sobrenatural no significa que uno sea ingenuo o que se vaya a creer todo aquello que querrán hacernos creer. Tuve rápidamente la evidencia de que este aikido, cuyas técnicas de esquivamiento y de colaboración me habían dado locas esperanzas, no tenía ninguna eficacia. Cualquiera que fuera la calidad de las enseñanzas encontradas, sus randori (pruebas de combate) sólo funcionaban con la complacencia de los atacantes.

Pero un sueño tiene la piel dura. Rehusé creer haberme equivocado, y abrí un club donde comencé por darle la espalda al espíritu mismo del aikido, esforzándome, como muchos antes que yo, en hacer de ello una práctica deportiva. Me decía que para acceder a la eficacia debía trabajar cada vez más rápido, siempre más vigilante, agudizar mis reflejos. Obtuve, seguramente, algunos resultados, pero nada tenían que ver con mis ambiciones, y a menudo debí apelar a mis conocimientos del judo, o kárate, para concluir mis combates. El cuerpo estaba siempre ahí como una barrera. Y el cuerpo solo no tenía nada que ver con el sueño.

Cómo llegué al budo (combate por el espíritu), lo ignoro. No había buscado en forma consciente. ¿Es posible que simplemente haya continuado soñando? ¿0 que con la edad haya entrado en conflicto con un cuerpo que comenzaba a perder sus cualidades? ¿0 tal vez, simplemente, haya siempre reconocido mis fracasos sin renunciar por ello al éxito? Pero creo sobre todo que hay en cada hombre una evolución inherente a nuestra naturaleza, y que el envejecimiento es la evidencia para aquellos que no quieren entrar humildemente en el ciclo del mundo. Rehusar, dar la vuelta alrededor de lo que nos impide vivir, objetos, individuos o símbolos, nos matricula automáticamente en la Vía, allí donde la energía prevalece sobre el cuerpo, y donde, contra toda tendencia de muerte, se elige moverse, liberarse, liberar el mundo, y preservar nuestra vida y la de los otros.

El guerrero aprende a matar porque él cree que todos quieren tomar su vida y que esta es la única manera de preservarla. Después, aprende a proteger su vida sin atacar la de otros, luego a proteger la vida de los demás y, por fin, a dar la vida. Desde un combatiente sangriento ha llegado a ser un sanador. Esta es la Vía.

El aikido es la "Vía de la unidad de las energías" o “La Vía de la Amistad”. Quien elige esta práctica se define generalmente como un hombre no violento, pero que resiente su no violencia como un factor en contra frente a una agresividad que él entiende mal. Para resolver esta desigualdad, al comienzo sentirá la tentación de volverse hacia disciplinas como el judo, el kárate, el jui-jitsu, cuya finalidad está dirigida sobre todo a reducir al agresor a la impotencia. Dicho de otra forma, llegar a ser el más fuerte procede de la cultura occidental, la que no concibe más que dos posibilidades en caso de conflicto: vencer o ser vencido.

Pero el no violento no se siente cómodo en esta perspectiva. Él no desea ni vencer ni ser vencido, y su natural respeto del otro le da el sentimiento de ser definitivamente una víctima. Se esforzará, por lo tanto, en vivir lejos de los conflictos y de las realidades físicas dentro de estructuras protegidas. Pero esto no lo hace dichoso. El no ha resuelto el problema de su temor, que toma equivocadamente por pereza, Hasta el día en que oye hablar del aikido.

El aikido es un budo: el arte de defenderse por el espíritu. He aquí una fórmula seductora para quien lo ignoraba, o no ha tenido la ocasión de colocar su cuerpo en primer plano en un enfrentamiento físico.

Esto es sin duda el debate y el recorrido por el cual todo practicante de aikido deberá pasar. Pero es también un momento extremadamente delicado que puede conducir al practicante hacia un temor más grande todavía, y un deseo sin esperanza de resguardarse en una situación protegida.

Allá está el peligro, esa fascinación de los no violentos por un mundo que ellos quisieran que fuera no violento, pero que nunca lo será. Será su tendencia a huir en ilusiones a menudo mantenidas por maestros que se comportan como gurúes que no ejercen sino en lugares irreales.

El mundo es real, el peligro es real. No se presenta la otra mejilla para ser golpeado una segunda vez o para inspirar compasión, sino para mostrar al que golpea que no se teme a los golpes. Esta actitud es ya una defensa por el espíritu: desarrollar una tal determinación a vivir y una tal convicción de sí que el agresor no pueda sentir sino desaliento.

El temor de un golpe, del dolor que ese golpe pueda producir, es natural. No es más que la sana manifestación de nuestra inteligencia y de nuestra imaginación, así como uno evita espontáneamente un vehículo para no ser atropellado. Pero el temor de los otros hombres es otra cosa. Es la
enfermedad de aquel que piensa que todo ser viviente, todo desconocido con el que será confrontado. no tendrá más que un deseo, verlo muerto. Aquel que sufre de este género de temor es un individuo que, por una razón propia de su historia personal, no ha aprendido jamás cómo vivir en igualdad con otros hombres. Él prefiere transformarlos en ideas: idea del amigo, idea del vecino inofensivo, del interlocutor accesible a la razón, del patrón comprensivo... Hasta el día en que él se tropieza con individuos que rehusan ser transformados en ideas. El que no tiene más que esa capacidad como medio de defensa, se ve de nuevo enfrentado a su temor inicial, temor tanto más penoso cuanto él haya tenido éxito en olvidarlo al punto de creer que no existía. Él no lo verá al comienzo en una práctica. Es una situación desesperada en la que se encuentran notoriamente numerosos intelectuales fascinados por el Oriente. (Por intelectuales entiendo, por supuesto, fabricantes de ideas y no la inteligencia dinámica del pensamiento y del cuerpo unificados).

Es necesario, cuando se quiere entrar en un mundo tan sutil como el del aikido, tener un fuerte espíritu crítico y una idea precisa de nuestros propios deseos. Nuestros deseos no son ni buenos ni malos. Simplemente ellos nos definen. Si soy débil, deseo ser fuerte; si soy temeroso, quiero causar temor; si soy humillado, aspiro a llegar a ser un maestro venerado. Reconocido esto, uno puede elegir su camino, es decir, caer completamente en estas tendencias o cambiar de dirección. Pero el que se miente no puede elegir, porque él se oculta uno de los dos elementos de la elección.

Elegir el aikido es ya entrar en la Vía, este recorrido constante que va del centro de mi ser hacia el infinito, y que me da un sentimiento de dignidad que no tiene aquel que vive sólo de compromisos, evitando cuidadosamente todos los lugares de pruebas y de peligros.

La dignidad es el verdadero motor del aikido y la imagen compartida por todo practicante auténtico. Ella nos da la consciencia de nosotros mismos y de nuestros medios frente a un mundo sin límites y constantemente en movimiento. Esto no es vanidad, ni confianza imbécil, ni búsqueda de alguna superioridad sobre otro. Es verdadero conocimiento a través de la humildad. Es a veces difícil para un occidental asociar humildad y dignidad. Esto es lo que realiza con felicidad el aikido.

El aikido es el arte de moverse. El que se desploma sobre su silla y que no tiene otro objetivo al final de su día, no tiene dignidad y lo sabe muy bien. No está muy orgulloso de sí, aunque lo aparente. Fuera del confort de esta silla todo le parece árido y laborioso. Ya ha comprendido que mientras más veces se deje caer sentado, menos coraje tendrá de levantarse, pues cada vez se sienta como si fuera a estar arrellanado en su silla para siempre.

En el aikido se le enseña al principiante a estar de pie y en movimiento todo el tiempo, y esto constituye su elección, aun si ella permanece inconsciente. Solamente entonces ellos pueden contemplar el Universo en un plano de igualdad. Tal como hay una jerarquía de peso y de tamaño en el sistema de los planetas, sin que eso haga que uno sea superior al otro porque cada uno sigue su propia órbita y su propio destino, hay también una jerarquía para los hombres sin que esto interfiera en su libertad. El hombre rico no me impide para nada disfrutar del poco dinero que yo gane. Es sólo cuando se envidian los bienes o ventajas físicas de los otros que se pierde la libertad.

La dignidad del participante no está situada en su capacidad para vencer a otros hombres, sino en su capacidad de moverse, para sorprender al otro o colocarse fuera de su alcance, pero moverse siempre para acompañar su vida.

No se puede olvidar que el alkido es prioritariamente un arte de defensa, y que nuestro papel es el de enseñar a los adeptos cómo proteger eficazmente su existencia sin ir en contra de sus principios, Esto define más precisamente el "combate por el espíritu".

Hemos salido de un mundo jamás inmóvil que se transforma sin cesar, un mundo que no ofrece ningún lugar fijo, ninguna certeza; un mundo amenazante si se le considera desde el punto de vista de nuestra necesidad infantil de permanencia. Y cada uno de nosotros es como ese mundo. Es esto lo que el practicante debe no sólo aceptar, sino desarrollar como una cualidad primordial. Para retomar mi ejemplo anterior, si un vehículo se precipita sobre mí, yo no debo reaccionar corriendo para ponerme a resguardo, sino estar ya en movimiento antes aún que el vehículo surja y lo registre mi consciencia.

En el hecho, no se le enseña a los alumnos a moverse, sino a reencontrar el movimiento natural que ya está en ellos. Las técnicas tienen poca importancia, no más que las cualidades físicas. Sólo el espíritu cuenta, espíritu de movimiento y de libertad. Si yo quiero vencer a mi adversario, dejo de ser libre, porque al evaluarlo, al localizarlo, lo quiero inmóvil, por lo que yo me asocio a esa inmovilidad: entonces he perdido la Vía. Si lo considero como un adversario, no soy libre porque no estoy suponiendo el hecho de que él pueda cambiar y, por lo tanto, me asocio a esa inmutabilidad. Si pienso que soy un combatiente temible, allí también dejo de ser libre porque me asocio a un valor permanente y dejo de moverme.

El aprendizaje en el aikido consiste precisamente en eliminar el conflicto dejando de "reaccionar” (o sea, partir de la inmovilidad hacia el movimiento) para "actuar" (acompañando naturalmente un movimiento que siempre ha estado en nosotros). Es como el instinto del gato, de quien se dice que sólo duerme con un ojo. En efecto, el gato no está al acecho en el sentido en que nosotros los humanos lo estaríamos. El observa dentro de sí mismo, él no cesa de observarse. Y ese es su movimiento, un movimiento interior que le da una concordancia casi perfecta con el mundo, es lo que se llama "intuición del peligro".

A semejanza del gato, el practicante observa dentro de sí y percibe el mundo. El mundo se mueve, él se mueve con el mundo armoniosamente, ha llegado a ser uno de los elementos dinámicos del mundo, una energía en un universo de energía donde él no es superior ni inferior a nada ni a nadie. El es libre.

Observando en sí mismo, él ha tocado el infinito y encontrado la paz, una paz que no tiene nada que ver con la pasividad, sino que - al contrario - lo vuelve más vivo y más alegre que nunca.

"El que tiene el dominio del movimiento y de las formas sabe permanecer en cualquier circunstancia en el centro de su esfera, que puede volver dinámica".

Míchel Piédoue
Traducido y extractado por Pablo Véliz de Question de Editions Retz París

Tomado de http://www.alcione.cl/nuevo/index.php?object_id=46

18 de mayo de 2009

El Atemi en AIKIDO

EL ATEMI EN AIKIDO:
Autor: SENSEI NOBUYOSHI TAMURA,
Traducción: RICARDO GARCÍA


Para la mayoría de la gente, actualmente, la palabra atemi designa al golpe de puño de karate, porque en karate el objeto del entrenamiento es destruir al adversario con un golpe de puño o de pie.

Escribo este capítulo porque algunos creen que no hay atemis dentro del estudio del aikido. Cierto que, en la práctica del aikido se ha suprimido el atemi para eliminar el riesgo de lesionar al principiante e igualmente para evitar que el practicante dé prioridad al estudio del atemi en detrimento de la técnica, así como para impedir que los estudiantes con un espíritu incorrecto puedan hacer un mal uso hasta que hayan progresado dentro de la técnica.

Luego, aquellos que declaran que no existe atemi en aikido, lo conocen aún menos que nada. O Sensei definiendo técnicas de aikido dijo: "el aikido es irimi y atemi". Todas las técnicas de aikido incluyen atemi.

Etimológicamente, ateru expresa la idea de estimar y evaluar con precisión la superficie y precio de un campo. Por extensión tenemos: situar exactamente, caer justo en el sitio querido, en el centro de un blanco, por ejemplo, a la idea de estimar, evaluar se le une, por tanto, la noción de éxito.

MI: el cuerpo. En el antiguo Budo, atemi consistía en golpear los puntos vitales del adversario para provocar una pérdida del conocimiento o la muerte. Herir en superficie o, incluso, romper un hueso, no era atemi.

En aikido, el atemi se utiliza también para dominar la voluntad de ataque, provocar dolor en los puntos vitales, perturbar la concentración del adversario, para su intención de actuar.

De estos atemis ligeros se pasa a los que provocan el desvanecimiento o la muerte. Es bueno estudiarlos pensando en el uso de un cuchillo. Evidentemente este trabajo debe incluir el estudio de los puntos de reanimación. Si estudiáis los puntos de acupuntura, tal como se está desarrollando recientemente, espero que comprendáis cómo los puntos que llevan a la curación pueden también dar la muerte. Este es un buen ejemplo que muestra que en todo hay ura y omote.

Cuando hayáis alcanzado el nivel de estudios elevado será bueno que vayáis descubriendo, en el curso de un ejercicio, la posibilidad de colocar, aquí o allá, un atemi.

El Papel de Uke en la Práctica de AIKIDO

El Papel de Uke en la Práctica de AIKIDO


En la práctica de Aikido se necesitan dos, uno que ataca y otro que aplica una técnica para ese ataque específico. El rol del atacante lo realiza UKE y el que aplica la técnica, NAGUE. En ocasiones el papel de UKE queda en segundo plano ya que le ejecución de la técnica requiere de una sincronización y armonía de movimientos, cuya efectividad se acrecienta con la práctica diaria, por la cual se le presta mayor atención al papel de NAGUE que al papel de UKE. No obstante el papel de UKE es crucial: primero por que se necesita que alguien actúe de atacante, y segundo para que se pueda perfeccionar una técnica se requiere que UKE ataque con la mayor corrección posible. Al igual que NAGUE, cuando actuamos de UKE debemos entregarnos al mismo camino de perfeccionamiento. El papel de UKE no es solamente prestarse para “caer”, ya que una técnica se construye de a dos fundiéndose en un todo armónico de movimiento y espíritu. Sin embargo si UKE cumple su rol con descuido y/o mala intención, NAGUE tendrá una pobre visión de lo que es, o no, capaz de hacer. Sin ánimo de entrar en críticas, se adjuntan una serie de errores que cometemos cuando actuamos de UKE. La intención es promover la autocrítica y el deseo de superación de cada uno de nosotros. Entre los errores más comunes tenemos:

No preocuparse por saber como atacar debidamente.

Cada tipo de ataque tiene una forma que debe respetarse, por forma y por técnica. Por forma se refiere a la postura y posición correcta del cuerpo y por técnica al propósito o fin del ataque (golpear, inmovilizar, proyectar o tirar). Existen muchas formas de ataque provenientes de distintas disciplinas, algunas son más usadas dentro del Aikido por resultar ejemplificadoras, pero podemos estudiar las técnicas de Aikido como NAGUE, usando cualquier tipo de ataque de cualquier disciplina. Estudiando así las posibilidades. Si desconocemos una forma de atacar, es nuestra responsabilidad enterarnos de los detalles en la fuente idónea del uso de dicho ataque, de esta forma nos aseguramos de que NAGUE tiene la “información” precisa -ataque- para aplicar la técnica debida. Explicar aquí los distintos tipos de ataque a todas las disciplinas sería engorroso e impreciso, ya que la palabra escrita no podrá describir enteramente los pormenores de cada ataque como hacerlo en la práctica bajó la mirada de un instructor.

No preocuparse por saber como se llaman y/o como ejecutar algunos ataques.

En ocasiones UKE hace cualquier otro ataque menos el que se le está pidiendo, a veces por desconocimiento y a veces por nervios. Si es por nervios, es bueno detenerse por unos segundos y pensar lo que se está por hacer. Si es por desconocimiento, no se debe tener vergüenza por no saber, HAY QUE PREGUNTAR. Si queremos hacer un buen papel como UKE, debemos saber como ejecutar y cuales son los nombres los ataques, tanto si se nos pide en un examen como en la práctica diaria.

No preocuparse por saber como caer (UKEMI) correctamente.

Algunos practicantes iniciados (o no) no le damos un valor preponderante al aprendizaje de las caídas y, como todo en una práctica, la caída debe perfeccionarse. La caída es nuestra defensa natural ante una técnica bien ejecutada. Muchas veces por miedo a lastimarnos, por terquedad (cuando nos repetimos frases como: “no puedo”, “esto no me sale”), por vergüenza de no saber, etc. no nos esforzamos lo suficiente para aprender cuanto antes cómo caen bien. Una actitud que debemos tomar para nosotros, son los de aquellos estudiantes que después de clases se quedan para practicar caídas y técnicas, que preguntan y se interesan en despejan sus dudas -por supuesto si dispone de tiempo-. Cuanto antes sepamos caer más rápido también aprenderemos las técnicas.

Atacar con desgano o con falta de atención.

En ocasiones a todos nos ocurre que vamos a la práctica con poca disposición. La sugerencia es ¡RESPIRAR! Hasta ahora una de las pocas cosas que nos ayuda “en un momento de necesidad” es enfocar nuestra atención en la respiración. Poco a poco vamos ganando energía y si lo aplicarnos intencionalmente más energía aún sobrevendrá ¡ANIMO!

Tirarse, caer sin sentir la proyección de NAGUE.

El papel de UKE no es caer, es atacar, y lo más realista que pueda ser. Esta no significa que debamos ser brutales y desaforados. Debemos atacar “con todas las de la ley”, “con las reglas del juego”. Fundamentalmente la energía del ataque proviene del “centro” y se proyecta, a través de nuestros miembros hacia NAGUE, “hacia el centro de NAGUE”. El ataque debe ser sentido tanto por el que ataca como por el que lo recibe. GO NO KEIKO se refiere al entrenamiento de fuerza, JU NO KEIKO al entrenamiento de la flexibilidad y la fluidez y RYU NO KEIKO al entrenamiento de la eficacia; a veces entrenamos con fuerza y otras somos más flexibles pero siempre debe ser eficaz.

“Contradecir”, ponerse rígido o contraponer cada movimiento de NAGUE impidiendo –con intención- que NAGUE pueda ejecutar una técnica. Forcejear.

Esto no es GO NO KEIKO -entrenamiento de fuerza-, se refiere más bien a una actitud. Todo comienza en nuestra mente proyectándose en nuestras palabras y acciones. El papel de UKE no es hacerle la vida imposible a NAGUE. Venimos a un DOJO para practicar y aprender no solo la técnica sino también una actitud de vida. Oponerse no es resistir: uno de los conceptos más difíciles de entender es que “seguir a NAGE” tiene el mismo peso, valor o significado que “resistir a NAGUE”. UKE debe ser como un resorte, cuando lo aprietan “cede con resistencia” y cuando dejan de apretarlo el resorte vuelve a su “postura básica”.

Ataque sin continuidad.

Este es un error muy común. Atacamos como corresponde inicialmente y luego nos detenemos esperando que NAGUE haga algo. El ataque debe ser permanente “siguiendo y resistiendo a NAGUE”. ¿Como lo hacemos? Siempre hay que pensar en el “centro” atacar al “centro de NAGE”. Esto provocará un ataque continuo, porque en nuestra mente, el centro siempre está presente.

Atacar a todos con la misma intensidad, fuerza o intención (sin considerar el grado de preparación de NAGUE).

La flexibilidad -JU NAN SEI- no solo es una condición física, también es una actitud –REIGUI- Al saludar –REI HO- no debemos predisponernos en la forma en que vamos practicar con los demás alumnos. Cada practicante “necesita” un ataque que le permita aprender; se podría decir que esta es una de las funciones de UKE. Cada compañero se encuentra en un nivel de aprendizaje, también tiene “su día”, sus capacidades innatas y predisposición natural cono también su capacidad física. Seamos considerados sin ser indulgentes.

No marcar -con palabras o con atemi- los errores de NAGUE.

Dentro de los atributos de UKE está el de “marcar” el error de NAGE. Dejando de lado las intenciones secundarias, si podernos entrar un atemi significa que NAGUE no tiene la distancia correcta, está muy cerca. También puede significar que NAGE no está desequilibrando a UKE. Si no sabemos cómo hacer esto de una forma que no ofenda al compañero, podemos indicarle verbalmente “que podemos entrar”. Nuestra papel como UKE debe ser siempre el de colaborar con el perfeccionamiento del camino -DO-, y eso incluye por supuesto nuestros compañeros.

Explicar o hablar demasiado (el tiempo de práctica es limitado).

Como en todas las cosas debemos buscar el equilibrio. Aunque uno tenga buenas intenciones si estas se exceden causan el efecto contrario. Básicamente el aikido se aprende practicando y una cosa es dar una indicación útil para nuestro compañero y otra es sacar el manual enciclopédico y empezar a recitar un curso. Lo bueno y breve es dos veces bueno. Por otro lado, siempre es mejor despejar las dudas con el instructor a cargo.

Anteponer prejuicios, estados de humor e intenciones indebidas en el momento del ataque.

Este es un trabajo interno que requiere esfuerzo y observación sobre uno mismo. Al atacar como UKE debo estar “limpio” de todo problema ajeno a la práctica. Venir a la práctica para “descargar tensiones” es un error, que colateralmente uno adquiera otros beneficios con la práctica es una cosa, pero utilizarlo intencionalmente como medio de descargar nuestra negatividad, es un grave error. El camino de superación interior no incluye nuestros estados negativos, sólo los positivos. Lo que funciona es concentrarse en la respiración; preguntar a NAGUE si así, como se lo está atacando, está bien; concentrarse en atacar su centro; poner atención a la distancia -MA AI-; en fin son varios métodos que sirven para perfeccionarse en el arte y no en el agravio hacia mi compañero.

El Caso del Uke Renuente

El Caso del Uke Renuente
Autor: David Lynch
Tradución: Pedro J. Riego



Para aquellos de nosotros no atraídos a la violencia congénitamente, el entrenamiento de aikido algunas veces presenta problemas que son difíciles de ignorar. Ellos vienen en forma humana y en distintos tipos de personalidades. Entre ellos se encuentra el uke renuente (o el uke que sé rehúsa.)

Este es el tipo que trata de bloquear todos tus esfuerzos por aplicar una técnica y enfermo placer en rehusarse a caer. Él dedica su tiempo en la colchoneta tratando de probar que tus técnicas no funcionan. Y algunas veces él lo logra. Él puede ser nuevo en el aikido, habiendo migrado de otra arte marcial o, peor, alguien con años de experiencia que sabe precisamente cuando hacerse a el mismo totalmente no cooperativo para lograr un máximo efecto.

Típicamente él parece no entender que destructivo y sin sentido su comportamiento es, y no pasa ni una mínima cantidad de filosofía de aikido a través de el. El ve todo en términos competitivos y cree que toda técnica debe trabajar a pesar de las circunstancias. Muy raramente él cambiará su punto de vista.

¿Cuántas personas han dejado el aikido por él? ¿Cuántas mujeres se han alejado del arte por su comportamiento chauvinistico? ¿Cuántos instructores honestos y sinceros el ha causado colgar sus hakama, convenciéndolos de que no están calificados para enseñar?

Algunas veces el uke renuente es fácil de convencer para razonar y responderá a una pequeña charla, suministrada temprano en su carrera. El no debe ser confundido, en cambio, con el uke que agarra firmemente o golpea es positivo para ambos compañeros para investigar y descubrir el significado del aikido. La diferencia está en la actitud y en la intención.

Por supuesto el uke renuente puede ser tratado físicamente, con un suave atemi o una dolorosa y peligrosa abreviación de una técnica, y algunos instructores se han ganado una temida reputación por usar este tipo de tratamiento ojo por ojo, pero muchos de nosotros titubeamos para responder en esta forma. Usualmente el esfuerzo por bloquear una técnica hace al bloqueador un blanco fácil para un puñetazo, pero el desquite(o venganza) no está de acuerdo con los fines aikido, y puede llevarnos a algo no tan diferente de una competencia.

Mi propio hijo atravesó un periodo (gracias a Dios muy corto) durante el cual el se convirtió en una uke muy renuente verdaderamente. Mientras yo estaba haciendo una técnica enfrente de la clase lentamente él podía repentinamente ejercer totalmente su fuerza para bloquearla a mitad de camino. Responder con un atemi no era realmente una opción bajo esas circunstancias. También teníamos un campeón de levantamiento de potencia en nuestra clase que acostumbraba a aplicar su masiva fuerza en los momentos más inesperados. Una vez cuando estábamos haciendo kokyuho el repentinamente jalo mis brazos hacia él, envolviéndolos con su musculatura y poniéndolos bajo sus axilas. En vez de las opciones de darle un cabezazo o morderle su nariz no lo consideré apropiado o necesario – además estaba indefenso.

Sin duda alguna los lectores habrán tenido experiencias similares y podrán reconocer el tipo de actitud. Era de un tipo elegantemente representado por un instructor de artes marciales Chinas que conocí una vez en Hong Kong. Solo lo visité por la sugerencia de un amigo que dijo que el hombre estará encantado de conocerme y ansioso de intercambiar conocimientos técnicos. Pero, en el evento, él era muy sospechoso y comenzó a interrogarme acerca de mis motivos para visitarlo. Ya la escena empezaba a decaer como otro choque cultural pero después él dijo, de acuerdo, muéstrame algo de aikido. Pensé en comenzar con nikyo, lo invité a que agarrara mi muñeca, y allí fue donde hizo la memorable y sin duda perfecta observación lógica, desde su punto de vista: ¿Por qué yo haría algo tan estúpido como eso? El obviamente vio todo el intercambio como un reto destinado a probarle o mostrarle que mi técnica era superior a la de el.

Desgraciadamente, muchos aikidokas tienen la misma actitud habiendo perdido el punto de entrenamiento por una milla y habiendo fallado al ver que el aikido es defensivo, no ofensivo, y que sus metas trascienden el ganar o perder. Cuando tomas aikido debes poner aparte toda la idea de ganar y perder y enfocarte en alcanzar la armonía. No lo puedes tener de ambas maneras.

Viendo al aikido en términos competitivos es como tratar de probar algo que no puede ser probado. Ocasionalmente hasta un Japonés mostrará esta actitud, a pesar de que el respeto por la autoridad en Japón generalmente mitiga en contra de esto, y la mayoría de los Japoneses aikidoka parecen aceptar el sistema cooperativo de nageuke (ejecutante-receptor) de entrenamiento. Un amigo Japonés me dijo, que bajo la influencia del alcohol, le encantaría tener solo una oportunidad para probar la destreza de su Sensei al rehusarse a caer correctamente todo el tiempo. ¡Él añadió que estaba preparado para pagar todas sus deudas hospitalarias! En general, los Japoneses son más inclinados a abusar de su posición como nage al aplastar a sus desafortunados y obedientes ukes que ellos son como los ukes renuentes ellos mismos, aunque yo he conocido muchos de los últimos en Japón.

Lo que es más confuso para mi no solo es el hecho de que la gente parece incapaz de pensar fuera de los parámetros de una competencia pero lo que ellos confunden con entrenar en el dojo con la realidad. Hacer que el uke renuente comprenda esto es a menudo un reto mayor. (¡Si solo él pudiera irse y tomar un deporte competitivo como el judo o el karate donde él podría bloquear con todo su corazón!) Aikido no es, después de todo, para aquellos que sientan la necesidad de defender sus egos todo el tiempo. Nosotros podemos, sin limites, siempre aprender algo al tratar de relacionarnos con estos individuos tan contrarios, pero esos limites necesitan ser reconocidos, y pasarlos pueden ser contraproducentes para decir algo.

El entrenamiento en el dojo no es un asunto de vida o muerte, y hay muchas cosas que no puedes y no necesitas hacer en el contexto del entrenamiento. Tal como no puedes hacer ikkyo a un elefante o kokyuho a un muro de concreto, hay algunos ukes que no pueden ser proyectados en contra de su voluntad sin que nage recurriendo a técnicas peligrosas o violentas desviándose, en el proceso, de los principios del entrenamiento del aikido. Como reaccionas es una medida de tu entrenamiento y tu filosofía personal: una carcajada o una sonrisa puede ser suficiente. Aunque él urge de sugerir, en una forma u otra, que estos ukes se consigan una vida puede ser un poco fuerte, necesitamos aprender a tomar un paso atrás metafórico (lo cual también es una propuesta técnica sonora) y para calmadamente rehusar jugar el juego del uke renuente. Aunque si no puedes hacer nada con él, realmente no importa, como si se tratara de un juego solamente. Paradójicamente, una realización de este hecho es a veces todo lo que toma la técnica para funcionar, pero deberías aceptar el hecho de que no puedes ganarle a todos.

Cuando es tu turno de ser uke y sientas que puedes detener el movimiento de tu compañero, debes resistir a la tentación y permitirle que complete su técnica. ¿Qué tienes que perder? ¿Qué tienes que ganar de todas formas? Ciertamente, puedes mostrarle a tu compañero lo inadecuado de su técnica al bloquearla, pero hay formas más positivas para animarlo y ayudarlo a mejorar.

Algunos instructores preceden sus demostraciones de una técnica con una versión realista, lo opuesto a la versión estándar del dojo. Esto es un tipo de punto de vista de tipo malo-tipo bueno donde explicas como romper un brazo con ikkyo, triturar una cabeza con shihonage o mutilar una muñeca con sankyo-no olvidando la devastación que puede ser inflingida con un poderoso atemi. Entonces procedes con el aikido.... pero, en el dojo, lo hacemos de esta forma. Mientras llegas a este acuerdo, este punto de vista pone a trabajar la mentalidad competitiva y se convierte así misma en un fin, para el perjuicio del espíritu del aikido.

La mentalidad competitiva puede invadir a un dojo como un virus en contra de lo que como una atmósfera de entrenamiento constructiva, y armoniosa ofrece poca inmunidad. Los nuevos se sienten intimidados y no hablan, y a menudo el instructor se siente incapaz de hacerlo también, sin perder la posición. El se puede sentir que él puede ser capaz de tomar todo esto en una zancada, justo como 0-Sensei aceptaba retos de todos en los viejos tiempos.

Mucho mejor, yo creo, para reconocer que no somos 0-Sensei y que estos no son los viejos tiempos. Es la responsabilidad del instructor de proteger a sus estudiantes de la gente ignorante y asegurar que dojo es un lugar donde algo valioso puede ser aprendido, y donde los estudiantes se tratan el uno al otro con respeto mutuo, no un campo de batallas para egos superficiales intentando ganarle el uno al otro. El dojo debe ser un santuario donde uno pueda experimentar seguramente con ideas y técnicas que dirijan a un resultado completamente diferente.

La diferencia entre el entrenamiento y la realidad (y entre un deporte competitivo y una vía marcial) es bien ilustrado por el aikidoka que responde a un reto de un hombre de judo al mostrar una espada viva enfundada en su cinturón. En estos días, sin embargo, no es muy practico por decirlo con espadas siempre que el taijutsu parezca inadecuado, pero otra arma, a menudo desestimada, es la palabra hablada. A pesar de la estoica tradición del budo la cual premia a los del tipo fuerte, y silencioso, yo siento que es apropiado hablar cuando uno encuentra al rústico, uke renuente. Esto no significa que sea fácil de hacerse y de que llegue a alguna resolución. Esto no suprimirá la casta pero hará la vida más tolerable para muchos miembros del dojo, por ejemplo, para aquellos que realmente quieran aprender aikido y no tengan interés en competir. No prestarle atención al uke renuente solo lo convierte en más y más renuente.

Desdichadamente, el sistema de avanzados tiende a intimidar a los principiantes, los cuales son los más comunes en ser afectados por el bloqueo y la intimidación, pero yo siento que permanecer en silencio mientras alguien está aplicando fuerza innecesaria en el dojo es una actitud inapropiada y fuera de lugar. Además, es siempre mejor usar tu lengua que tus puños, y usar tu cerebro antes de hacer de intimidar a otra persona, o antes de que ellos traten de intimidarte.

Las viejas actitudes mueren fuertemente, como las que encontré cuando viajé a Japón recientemente. Yo estaba sentado con un grupo de estudiantes en uno de los dojos al cual yo iba a entrenar cuando alguien mencionó mis artículos en Aikido Journal. El Sensei que estaba presente dijo, "Es interesante que en estos días virtualmente todo el mundo puede escribir acerca del aikido; mientras que en los viejos tiempos solo los maestros más avanzados se atrevían a hacerlo." (El realmente usó las palabras Japonesas "les era permitido," lo cual es revelador.) Sí esta observación era dirigida a mí (si la capa sirve, vístela) o solo fue una generalización no estoy seguro.

De todas formas, yo creo que nadie está titulado para hablar o escribir acerca del aikido, sin importar el rango o experiencia. Es concerniente al oyente o al lector el decidir que tanta credibilidad dar a sus palabras. La libertad de expresión es solo uno de los tablones de la democracia que pareciera tienen dificultad muchos Japoneses de la vieja generación.

Cuando se trata del estilo de 0-Sensei de conocimiento místico y cualquier atentado de explicarlo en palabras, yo estaría de acuerdo del que habla no sabe y yo sería el primero en aceptar cualquier castigo divino que venga en mi camino si yo solo pretendiera tener acceso a ese tipo de conocimiento. Sospecho que tal castigo no sería tan dramático como un rayo de electricidad, pero sería mas como la forma de un resbalón gradual hacia la más grande ignorancia. ¡Podrías terminar como el hombre del proverbio sin una antorcha, en la bodega de carbón, buscando al gato negro que no está allí! En ese sentido, la ignorancia es su propia recompensa. Es un riesgo que uno tiene que tomar cuando se abre la boca acerca de algo, pero esto no debería detener a nadie protestando al evidenciar las brechas del espíritu del aikido.

Aparte de las bodegas de carbón, hay un lado oscuro del aikido el cual es representado por el uke renuente, y si los exponentes más avanzados se han vuelto indiferentes a ello, entonces es importante para los nuevos y aquellos que todavía pueden ver claramente mostrarlo por cualquier medio posible. Tienen tanto derecho como cualquiera de hablar.

La experiencia no dirige automáticamente a una iluminación, y algunos senseis hablan con malas palabras mientras algunas personas ordinarias tienen más sabiduría que ofrecer. Es una desilusión penosa el asumir que gente con larga experiencia de aikido son algo como superior.

Asimismo, cualquier regla no escrita que previene a una persona de protestar del abuso de poder por aquellos en altos puestos debería ser relegada a la pila de basura de las tradiciones sin sentido.

El peligro de convertirse sicológicamente insensible a la violencia incrementa cada vez que es ignorada y necesitamos solo mirar a lo que está pasando en Europa ahora mismo para ver el resultado final de esta actitud.

El viejo adagio Romano si vis pacem para bellum (si quieres paz prepárate para la guerra) es otra pizca de sabiduría tradicional que no encaja en los hechos observables. La preparación para la guerra siempre ha conducido a la guerra, y es deprimente ver que esto se gesta hasta cuando hablamos.

Deberíamos agradecer a nuestras estrellas de la suerte que somos capaces de practicar aikido, donde el aspecto opuesto del espíritu humano se manifiesta. Lo menos que podemos hacer es tratar y mantener la paz y armonía en nuestro entrenamiento de aikido, aunque parezca insignificante en comparación con la escala y el horror de los eventos destructivos globales.

Hay más que suficiente conflicto el mundo de todas formas. Déjemonos ver si podemos encontrar otro camino.

Explicación Aikido

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