“... Brevemente, Aikido es bueno para tu cuerpo, tu mente y tu corazón... Y es divertido.”
Yoshimitsu Yamada Sensei - New York Aikikai

14 de julio de 2010

Salud y Enfermedad por Nobuyoshi Tamura

Salud y Enfermedad por Nobuyoshi Tamura

Tomado de http://kihon-dojo.blogspot.com/



No soy el más apropiado para iniciar un pequeño homenaje a este gran maestro de Aikido pero quiero que nos unamos para comentarlo, para recordarlo, para saludarlo donde esté y para rescatar la memoria de un Sensei que en su tiempo fue uno de los Ukes preferidos de O’Sensei. Nobuyoshi Tamura murió el pasado 9 de julio. Paskal me contó, que el Sensei Bardet, uno de sus estudiantes cercanos, dijo que había estado despierto y consciente hasta el último momento y que mantuvo su sentido del humor. Sé varias historias de los alumnos directos de O’Sensei, de sus hazañas y de sus luchas contra la enfermedad. No sé que hizo el viejo Gran Maestro Morihei pero les dejó una huella que aún nos transmiten a nosotros. El mensaje del Aikido es algo que debemos preservar en los tiempos actuales, un mensaje de amor y de armonía que gracias a unas técnicas que evolucionaron durante milenios en contextos de guerra se convirtieron en instrumentos para construir seres humanos mejores. TAMURA SHIHAN HA MUERTO. Nuestra labor será mantener su mensaje vivo, sus enseñanzas. Viajaron por todo el mundo con Yamada Sensei, sin duda el sensei Yamada estará muy triste por la pérdida de uno de sus amigos más cercanos en sus épocas de Uchi Deshi. Les dejo una lectura del Shihan Tamura acerca de la salud y la enfermedad, sin duda al leer este texto entenderemos un poco mejor a uno de los grandes maestros de Aikido que nos dejó O´Sensei. Los invito a comentar este post como un homenaje a Tamura Shihan y a sus enseñanzas.


YESID SIERRA SOLER 4° Dan

Director Kihon Dojo Ciudad de México


Salud Y Enfermedad
Shihan Nobuyoshi Tamura 8° Dan


Yo quería excusarme hoy ante vosotros de lo acontecido en la primavera de este año, cuando la enfermedad me tenía postrado y pediros que me perdonéis por no haber podido dirigir los cursos programados. Os agradezco muy vivamente vuestro interés hacia mi persona y todas vuestras atenciones.

Voy a intentar explicar mi actitud en el curso de esta enfermedad, actitud que ha podido hacer pensar a muchos que estoy en contra de la medicina o de los médicos, en contra de los medicamentos u otros productos semejantes.


El que yo no quería ir al hospital, no tomé medicinas o rehusé las inyecciones, no quiere decir que esté en contra de los cuidados, muy al contrario. Algunos amigos médicos, practicantes de Aikido, han podido a su criterio, durante este periodo, auscultarme, aconsejarme, aplicarme acupuntura y hacerme beber infusiones diversas.


Dicho esto, querría tratar con vosotros sobre la enfermedad en general.


Muchas personas se hacen responsables de la enfermedad al frío, al calor, a los microbios, los accidentes, la fatiga, la mala nutrición, un sistema de vida desarreglado, la agitación mental, la herencia, etc. En realidad, el responsable verdadero de la enfermedad no hay que buscarlo entre estas causas, el responsable es uno mismo. De igual manera que en Aikido el ataque adverso no puede alcanzaros nada más que si dejáis una abertura en vuestra guardia, de la misma forma la enfermedad os invadirá nada más que cuando estéis débiles u ofrezcáis un punto de debilidad.


Debemos pues, cada día, en este dominio, como en el Aikido, estar vigilantes: disciplina alimenticia, plan de vida, relajación, firmeza mental, ni exceso ni defecto de ejercicio, saber conservar un equilibrio constante entre el cuerpo y el espíritu. En consecuencia hay que, todos los días de la vida, actuar así y no solamente durante el periodo en el que el mal te afecta, pues entonces es demasiado tarde. Para ilustrar mi pensamiento, os citaré un dicho japonés: “no es ya tiempo de tensar la cuerda que ate al ladrón, si ella no lo está ya antes de la captura del ladrón”.


Hay que estar siempre prestos, única condición para la tranquilidad. Desgraciadamente el hombre comete errores. En la sociedad un error está sancionado, en nuestra propia vida el error está castigado con la enfermedad. Por consecuencia, se puede decir que enfermedad es la señal del error. Esto quiere decir que estáis equivocados, pero todavía hay posibilidad de restablecimiento. Pequeña falta: pequeño aviso (fiebre, dolor de cabeza, fatiga, etc.), falta grave: convalecencia en cama.


El aviso está comprendido si nosotros sabemos dar prueba de humildad y reconocemos el error, entonces es posible recuperar con rapidez la salud. Desgraciadamente no actuamos a menudo así. Preferimos continuar con nuestras costumbres o remediar el mal con medicamentos de choque (manera de esquivar el mal), matando los microbios con antibióticos o las células enfermas con radiaciones, o bien gracias a la cirugía.


¿Creéis entonces que hemos reconstruido nuestras defensas? Yo dejo a vuestra reflexión la imagen siguiente: “si un enemigo destruye la puerta de la fortaleza, aun que haya muerto el enemigo, la puerta queda destruida y es paso abierto, la fortaleza es pues accesible”.


Otro aspecto de la enfermedad es el dolor. Yo quería hablaros igualmente del dolor.


La reacción normal es hacer frente al dolor lo más rápidamente posible con medicinas. Sin embargo existe en la naturaleza, incluso en los materiales sólidos, una fuerza de enderezamiento, por ejemplo la rama doblada que tiene tendencia a volver a su posición primitiva. El cuerpo posee esta fuerza reequilibradora. El dolor le dobla, le rompe en dos, la fiebre le tortura, su fuerza de enderezamiento lo vuelve a levantar.


Si al contrario, vosotros matáis esa fuerza de enderezamiento, sino la mantenéis muy viva, corréis el riesgo de quedar rotos, de no volver a recuperar vuestra salud.


Así yo mismo, durante mi enfermedad, sufrí dolores muy violentos. También durante mucho tiempo luche contra este dolor y volví a sentir aún mas violentamente estos dolores, hasta el día en que, al borde de la resistencia tanto física como mental, yo me abandoné al dolor. Ese día, al mismo tiempo que se producía este relajamiento, que yo alcanzaba ese estado de no resistencia, el dolor se fue atenuando y desapareciendo. Curiosamente, por breves instantes, el verde de los árboles llegó a ser, ante mi ventana, más bello. Esa sensación está todavía muy viva en mí. Si este dolor hubiera llegado a ser más violento, pienso que me habría desvanecido, el desvanecimiento es una protección natural.


Es inútil inquietarse, hay que aprender a aceptar, a tener confianza en nosotros mismos.

La enfermedad es pues una experiencia. La salud es el silencio de los órganos. Ellos trabajan en secreto y por eso mismo los olvidamos muy fácilmente, quizás debiéramos dar gracias a la enfermedad que viene a tocar la campana de alarma. ¿No sería la enfermedad una huelga de los órganos descontentos por el trato que les damos?


En cada uno de los órganos, aún siendo una pequeña parte del cuerpo, al examinarlos podemos entender como colaboran a la marcha del conjunto. Igualmente en cada célula podemos ver reflejado el cuerpo entero. De ahí esas ciencias que a partir de ciertos órganos como el ojo o la oreja, pueden diagnosticar y tratar desequilibrios generales. Lo mismo que ocurre con el cuerpo ocurre con el espíritu. Un hombre no es un cuerpo y un alma separados, sino al contrario, la unión estrecha de un cuerpo y un alma.


La unificación de todas las partes del cuerpo es necesaria para el buen funcionamiento del cuerpo. ¿No es lo que nos enseña el Aikido y lo que debemos aprender?


Un pequeño desequilibrio en la salud puede traer graves consecuencias. En la práctica de las artes marciales, un pequeño desequilibrio puede conducir a la muerte. Nosotros somos pues los responsables. Es por lo que, en mi caso personal, yo soy el único responsable, y no los microbios u otras causas. La enfermedad demuestra y el Aikido enseña que en el 99% de las situaciones adversas, en tanto dure la situación, es posible tomar las riendas y enderezarlas.


Yo advierto que este don no se adquiere nada más que con un trabajo constante y una vigilancia sin fallo. Pero nosotros al mostrarnos indiferentes permitimos que salte la alarma. Este aviso debe ser utilizado para descubrir las causas de nuestra debilidad y saber remediarlas, y esto debe ser así tanto en la vida como en el dojo.


Es por este motivo que no debemos rechazar la enfermedad o el desmayo, sino aceptarlo para intentar mejorarnos.


La causa del mal puede ser antigua, remontarse a muchos años atrás. Puede ser una picadura o un golpe el que puede acarrear el mal. Incluso si la fiebre baja o el dolor remite, las causas profundas todavía no han sido resueltas. Si las causas son antiguas, es normal que sean necesarios varios años de cuidados para atenderlas adecuadamente.


Tal es mi razonamiento para la aceptación de la enfermedad y mi lucha en consecuencia. Pero si el hombre dispone de un 99% de su destino, creo que un 1% de este provenir se le escapa; este 1% puede que esté en manos de Dios. ¿Jugará Él a su favor o en su contra? Cada hombre tiene, sin duda, una misión que cumplir. Por ejemplo: ¿O Sensei debía darnos el Aikido?, ¿mi misión es traeros este Aikido? Si, si Dios nos aporta este 1% necesario. En caso negativo este 1% nos faltará y quizás muramos, pero es Dios quien decidirá. En ese caso ¿para que la angustia?, no depende de nosotros.


Tal es mi pensamiento profundo. Os pido que nos hagáis nada para mí. Yo me he aprovechado de esta enfermedad para hacerme cuidar, hacerme mimar, para descansar; he abusado de vuestra amistad.

Nobuyoshi Tamura 8° Dan Shihan.

El Maestro Tamura nos dejó. El Aikido del mundo agradece cada aporte de Tamura Nobuyoshi Sensei, hoy que su partida le integra al fluir constante y armónico del universo. Buen viaje Sensei R.I.P.

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