“... Brevemente, Aikido es bueno para tu cuerpo, tu mente y tu corazón... Y es divertido.”
Yoshimitsu Yamada Sensei - New York Aikikai

12 de diciembre de 2010

El Corazón del Aikido: La práctica en sí misma

El corazón del Aikido: La práctica en sí misma

Tomado de http://aikidoescobar.blogspot.com/


Los beneficios para la salud del ejercicio físico, como los que experimentamos durante la práctica de Aikido, han sido ampliamente demostrados. El ejercicio fortalece el corazón, los músculos, tendones, articulaciones y huesos. Recientemente, se ha llegado a la evidencia que sugiere que el ejercicio regular, es beneficioso para el cerebro (incluso puede llegar a mejorar la cognición y el estado anímico). Todo esto junto hace que sea claro que el Aikido sea bueno para el cuerpo, pero ¿qué pasa con el espíritu?


Evitando discusiones acerca de “Kotodama” (
literalmente: “espíritu de la palabra” ) y la conexión histórica entre el Aikido y Omotokyo (religión politeísta del Japón con objetivos sociopolíticos, derivada del sintoísmo), todavía hay un elemento en el corazón de Aikido de naturaleza espiritual, la cual a menudo es pasado por alto: la propia práctica.


La mayoría de los practicantes de Aikido no son soldados, así que no esperes a utilizar este arte en la guerra. Entre algunos “guerreros modernos” (muy pocos lamentablemente), ya hay cierto entendimiento de que si la necesidad de luchar con las manos surge, entonces algo ha salido terriblemente mal.
La policía y fuerzas similares que deben mantener la paz, se encuentran entre los pocos que podrían utilizar Aikido como algo más que un último recurso, pero prefieren otras opciones. Como tal, está claro que la mayoría de los aikidokas sólo utilizamos nuestro arte durante la práctica.


Esta práctica es el propósito de Aikido. La ropa, las armas y las costumbres son importantes, pero si no fuera por la práctica en sí, todo lo demás carecería de sentido.

Vamos al Dojo para entrenar, no a mostrar nuestras habilidades. Asistimos a las clases para aprender, practicar, mejorar y crecer, no para disfrutar de la decoración y de una buena charla. También vamos al Dojo para ayudar en su práctica a los demás, ya sea mediante la enseñanza o de ser su compañero.


La práctica de Aikido, literal y figurativamente, reúne a la gente. Desde el saludo inicial "onegaishimasu" (en el contexto de las artes marciales:
"por favor permítame practicar con usted") entramos en el corazón del Aikido. Al pedir a alguien que sea nuestro compañero de entrenamiento nos abrimos a otro ser humano. A pesar de los agarres, luchas, golpes y hasta a veces batallar utilizando la fuerza física, no se considera que esto sea un conflicto. Todo lo contrario, juntos, aprendemos a combinar mejor nuestras energías e intenciones con las de los demás. Nos enteramos de sus puntos fuertes y débiles, a la vez que exponemos los nuestros.


Cuando un compañero de entrenamiento, siente debilidad y sin embargo sigue acercándose lo suficiente como para recibir un golpe, se encuentra en su punto más vulnerable. En términos tácticos, nuestro compañero está expuesto y vulnerable, abandonándose a nuestra merced. Estar abiertos a los ataques, nos entrena para reconocer que, aunque las posibilidades de ser heridos o sufrir una lesión sean reales, otro ser humano está en la misma situación.
Al reconocer su vulnerabilidad podemos usar su debilidad, para destruirlos, pero esa elección sería una forma de autodestrucción.


Crecemos juntos, con la comprensión de que en ese instante el otro es igual a mí: abierto y en peligro.

La necesidad de proteger a nuestros compañeros se hace más clara. Durante la práctica confiamos uno en el otro, poniendo nuestro cuerpo y nuestra salud en manos de un “extraño”. Este nivel de confianza rompe las barreras entre las personas de una forma tan particular, que en otro escenario es poco probable que ocurra.


Más allá de "no dañar" a nuestros compañeros, la realidad es totalmente diferente a eso. Como sempai (“guía” o en este contexto: “más antiguo,
de mayor graduación”) es nuestra responsabilidad proteger a nuestros kohai (“guiado” o en este contexto: más moderno, de menor graduación"). En el tatami (“piso donde se practica”) la relación entre sempai y kohai refleja la profunda reciprocidad de propósitos. Kohai aprende la técnica ayudado por sempai, y éste aprende a comunicar y demostrar, a la vez que debe esforzase en pulir su propia técnica. Ambas partes aprenden empatía y crean lazos.

Es cierto, Aikido crece a partir de la reciprocidad física y emocional de la formación gracias a la práctica diaria. Claramente entonces, la práctica es el propósito, el significado y el corazón del Aikido.


Gustavo san

Ukemi (Por Mitsugi Saotome Sensei)

"Ukemi"

Tomado de http://blog.bogotaikido.com

Tomado del libro “Los principios del Aikido”,
Editorial Paidotribo, España
Autor: Mitsugi Saotome Sensei


Wee Wao Dumlao Sensei, Gold Coast Aikikai, Foto tomada en Caracas, 2007


"La práctica del aikido requiere la presencia de un compañero. Unos pocos ejercicios pueden hacerse en solitario para afilar nuestra fuerza o nuestras habilidades técnicas, pero la clave para el buen entrenamiento radica en la interacción entre el uke y el tori. Algunas personas simplifican incorrectamente las definiciones de uke y de tori como "atacante" y "defensor". Tal simplificación da lugar a confusiones en cuanto a la verdadera naturaleza e importancia de las funciones del tori y de uke. Más correctamente, tori significa "el que derriba" y uke significa "el que recibe la fuerza". Si pensamos en términos de atacante y de defensor, es probable que consideremos al papel del tori, el que es atacado y el que ejecuta la técnica, como el importante, y al papel de uke como el de meramente proporcionar al tori un cuerpo sobre el que practicar su técnica. Nada puede estar más alejado de la verdad.

Ukemi es el arte de ser uke, y la calidad de la práctica de tori depende de lo bien que el uke haya aprendido este arte. El ukemi supone crear condiciones que hagan apropiada a una determinada técnica, respondiendo correctamente a los movimientos de tori, y sufrir cualquier caída concluye la técnica. En resumen, uke tiene la responsabilidad de crear las condiciones que permitan a tori aprender. Si uke no percibe los efectos de una técnica, ninguna resistencia, ni respuesta a los movimientos de tori, o si teme o no sabe caer, tori no podrá estudiar la técnica con eficiencia.

Al practicar cualquier técnica, los compañeros alternarán la asunción de los papeles de tori y de uke. No debemos considerar el tiempo pasado como uke como meros intermedios en nuestros turnos en que somos tori, sí como una oportunidad para aprender tan importante o mayor que el tiempo que pasamos en el papel de tori. De hecho, quienes destacan en ukemi, lo más probable es que logren también resultados excelentes en técnica, puesto que son capaces de absorber conocimientos mediante sus cuerpos sobre qué sensación produce ejecutar correctamente una técnica, así como de absorber conocimientos mediante sus mentes. El desarrollo de un buen ukemi es el camino más corto para adquirir habilidad en aikido. Son muchos los elementos que componen un buen ukemi. El primero es el musubi. Debemos tener buena comunicación con nuestro tori, tanto física como intuitiva. Si somos insensibles a los movimientos o intenciones de nuestro compañero, estorbaremos la práctica de nuestro compañero y correremos el riesgo de lesionarnos. Un buen uke no prevé los movimientos del compañero, sino que afina su percepción hasta el punto en que las reacciones son instintivas e intuitivas, en lugar de depender solamente de la manipulación física. Aprender ukemi es aprender a defender nuestro cuerpo de las lesiones; debemos permanecer constantemente flexibles y alerta. Debemos poder asumir una caída desde cualquier ángulo en cualquier movimiento inesperado. Dicha habilidad conduce al dominio de técnicas avanzadas. También debemos aprender a asumir el ukemi cuando sostenemos el bokken o el jo. El entrenamiento con armas en aikido incluye algunas técnicas en que un compañero desarma al otro. Muchas de ellas incluyen derribos, y el uke debe estar preparado para esto. Aprender a protegerse mediante el ukemi es también una responsabilidad que tenemos con nuestros compañeros estudiantes.

Mientras que tori debe ser consciente de las limitaciones del uke y evitar ser innecesariamente rudo, nuestros compañeros tienen derecho a esperar un cierto grado de perfección en nuestro ukemi que corresponda con el nivel que hayamos alcanzado. Si nuestra habilidad en ukemi es inferior a nuestra habilidad en técnicas a medida que avanzamos, entorpeceremos la práctica de los compañeros. Es posible también que apoyemos con demasiada fuerza el peso de nuestra seguridad en nuestros compañeros, especialmente al empezar a practicar las técnicas más difíciles. También nuestro entrenamiento se resentirá, porque nunca seremos capaces de practicar las técnicas más difíciles con toda intensidad.

Hacer ukemi no quiere decir hacer el papel de perdedor es un estudio en comunicación y percepción y en autocomprensión. Aún más, es un medio de retener el control sobre uno mismo y sobre nuestras circunstancias. Este aspecto del ukemi se hace evidente en el entrenamiento avanzado, cuando la práctica va más allá de las técnicas que incluyen un solo ataque seguido por un derribo, pasando a las que incluyen múltiples ataques e inversiones. La sensibilidad y la percepción con respecto a tori que nos permiten ser un buen uke, también nos otorgan la capacidad para ver los puntos débiles en la técnica de tori y reconocer los puntos donde tori está abierto. Si somos un buen uke podemos sacar provecho de estos y hacer una buena recuperación e inversión. Si no hemos aprendido bien el ukemi, no podremos retener suficiente equilibrio o control para ninguna de las dos cosas. Aprender bien el ukemi, por supuesto, requiere tiempo y mucha paciencia. Como principiantes, seremos introducidos en el concepto del ukemi lentamente. Después de ser introducidos en el movimiento irimi y tenkan, comenzaremos a practicar cómo rodar y cómo caer. Esto debe ocurrir antes de empezar a practicar las técnicas básicas. Cuando comencemos a practicar técnicas básicas nuestro estudio se basará en el kata. El kata da a los estudiantes un marco en que estudiar y explorar el funcionamiento de distintos movimientos y perfeccionar su ejecución. Debemos dominar el kata antes de poder hacer un uso más creativo del movimiento aikido y de volvernos más elásticos en nuestro ukemi. El Jiuwaza, donde se espera que respondamos espontáneamente a diferentes ataques y derribos, debe reservarse para estudiantes más avanzados. A medida que nuestro entrenamiento vaya progresando, debemos recordar siempre que la clave para conseguir tener la habilidad de una técnica espontánea y creativa radica en un buen ukemi.

Durante mi época como uchi deshi, fui reprendido por adoptar un ukemi inferior. Los comentarios de O Sensei, tal como los recuerdo, pueden resumirse como siguen:

1. No trates de adivinar lo que va a venir. Una mente excesivamente calculadora oscurecerá las respuestas del cuerpo y hará que se retrase. Esto nos obligará a adoptar un ukemi no natural, que a su vez se reflejará en el entrenamiento de la técnica, perjudicando nuestra mejora.

2. Observa el movimiento de tu compañero y adivina su intención. Esto forma parte del entrenamiento del ukemi.

3. No olvides la importancia del entrenamiento en la vida cotidiana. Todas las personas que se destacan y que consiguen algo de valor en la vida cotidiana han absorbido los principios del ukemi. El viaje a través de la vida se ve obstaculizado por muchas penalidades. El éxito les llega a quienes resuelven sus dificultades con la flexibilidad y la apertura mental del ukemi. Quienes fuerzan su ukemi de un modo no natural en la práctica no obtendrán resultados positivos de su entrenamiento en su vida.

4. Evitar las lesiones y esforzarse por alcanzar el objetivo elegido es simple sentido común, tanto en el dojo como en la vida cotidiana.

5. Una mente abierta y elástica, un cuerpo flexible, la modestia y la sinceridad, éstos son los elementos del arte del ukemi. Sin ellos el entrenamiento en ukemi fracasa. Sin ukemi, el entrenamiento waza nunca da frutos.

Observemos las palabras de O Sensei relativas a la importancia del ukemi en la vida cotidiana. El ukemi nutre nuestra capacidad para percibir lo que viene, para analizar una circunstancia y para responder rápidamente. De la misma manera que aquellos que tratan de prever demasiado en su ukemi en la práctica a menudo no logran entender la dirección de una técnica, quienes son demasiado calculadores en la vida a menudo no observan lo que está sucediendo a su alrededor. No tienen flexibilidad para responder a las dificultades de la vida porque no pueden verlas hasta que están atrapados en ellas. Un buen entrenamiento del ukemi nos permitirá ver de verdad el futuro porque nuestra visión se basará en la observación y en la intuición, en lugar de en una decisión arbitraria hecha antes de que haya una evidencia. El buen ukemi representa la misma sabiduría del pescador que gracias a una larga experiencia puede percibir cómo serán las condiciones meteorológicas.

El entrenamiento del ukemi tiene un gran mérito físico; fortalece el cuerpo e incrementa su flexibilidad. Así mismo, cuanto más cómodos lleguemos a sentirnos con nuestro ukemi, más divertida se volverá nuestra práctica. Recuerdo la alegría de O Sensei en la práctica, su entusiasmo y su humor. Disfrutar de nuestra práctica de aikido no debe necesariamente echar a perder nuestra concentración; podemos relajarnos y sin embargo actuar seriamente. Difícilmente puede sobreestimarse la importancia del entrenamiento del ukemi y su contribución en nuestra práctica y en nuestra vida”.

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