“... Brevemente, Aikido es bueno para tu cuerpo, tu mente y tu corazón... Y es divertido.”
Yoshimitsu Yamada Sensei - New York Aikikai

30 de enero de 2011

El LIDERAZGO desde el AIKIDO

El LIDERAZGO desde el AIKIDO


El Liderazgo no es una cualidad reservada solo para aquellos personajes sobresalientes de la humanidad sino que está presente en el quehacer diario en todas las organizaciones y grupos humanos. A cada persona le llega la oportunidad de liderar un proyecto, una actividad o la necesidad de enfrentar un desafío que puede afectar a su familia, empresa, grupo o comunidad.

Recorramos los avisos de búsqueda de personal que aparecen en las secciones correspondientes de los principales diarios locales o extranjeros y veremos frases como éstas entreveradas en la lista de cualidades que se le requerirá al futuro postulante.

  • El perfil buscado se alinea con una persona que posea un sólido perfil comercial, analítico, con excelentes habilidades para la comunicación y conducción, con liderazgo de equipos.
  • Habilidades y competencias: capacidad de liderazgo y excelente relación interpersonal. Buena capacidad de escucha. Facilidad para las comunicaciones. Facilidad para transmitir conocimientos.
  • La empresa valorará la capacidad de negociación y liderazgo; claridad de objetivos y determinación orientados a los resultados y al cliente; y la habilidad para mantener buenas relaciones interpersonales y trabajar en equipo.
  • Se busca un profesional que trabaje en forma organizada, metódica, que sepa liderar proyectos y equipos de trabajo y resolver conflictos en situaciones apremiantes. Se valorará especialmente la predisposición para trabajar en equipo, la proactividad y la habilidad de comunicación con clientes externos e internos para descubrir soluciones superadoras de mutuo beneficio.
  • Corporation seeks a dynamic leader to become the next Executive Director of our grassroots community organization. Lead and supervise a comprehensive fundraising strategy. Strong communication skills. Strong organizational and leadership skills.

Empresas y organizaciones dedicadas a cualquier negocio u objeto, convocando personal con distintas especialidades para cubrir diferentes posiciones, coinciden en pesquisar al líder que conducirá esa compañía, división o sector. Por supuesto más se nombra esta cualidad cuanto mayor es el nivel de la posición ofrecida.
Estos anuncios son altamente representativos de la escala de valores en que se desenvuelve el mundo de hoy..
Resulta interesante preguntar qué es lo que quieren decir estas organizaciones con esta denominación de líder. “¿Qué será un líder?” se pregunta seguramente aquel que anda explorando los diarios en busca de su futuro empleo. Será un tipo simpático, uno enérgico, alguien metódico que anda con una regla y un apuntador midiendo lo que se hizo y cuánto falta, será el despótico que ordena a su gente con gritos y amenazas o el meloso que revolotea como mosca por sobre sus cabezas con esa pesada amabilidad que estimula a cumplir con la tarea con tal de sacarse al molesto de encima. Cuales serán las características que tomarán en cuenta los asesores de selección de personal y los directivos que me van a entrevistar para evaluar mis dotes de liderazgo?

No es una pregunta ociosa la que se hace este joven, o tal vez no tan joven, en procura de una posición de relevancia. "Quiero a alguien que asuma el liderazgo de esa división", es la requisitoria que le formula el Presidente del Directorio al Gerente de Recursos Humanos. Allí ya tenemos un problema. Qué entiende el Presidente por líder. Será lo mismo que entenderá el funcionario que se ocupe de la selección y más tarde el interesado que lea el aviso?

Si definimos al líder con aquel que está al frente, con el guía, con el que toma las decisiones, podríamos decir que bastaría con ungir al candidato que vamos a incorporar con los atributos del puesto e indicarle a sus subordinados que de ahora en más deberán reportar a él, obedecerlo y atender a sus indicaciones y orientación. Todos sabemos que esto no es tan fácil, ni en el ámbito de la empresa, ni en el del club de acá a la vuelta ni en el de primera división de futbol. Mucho menos en el de la política o las ONG, las organizaciones militares, sindicales o de cualquier índole.
Cuanto mayor es la solidez institucional de la organización mejores chances de consolidación tendrá el líder formal, aún cuando siempre tendrán un valor adicional sus condiciones naturales. En contextos de debilidad institucional dichas condiciones naturales adquieren una relevancia decisiva. Y acá cabe la pregunta de cuánto de natural son las condiciones del líder y, en todo caso, si éstas pueden ser desarrolladas más allá de los atributos con que nos haya podido dotar la naturaleza, o cuánto hayamos incorporado con nuestra educación.

En un proceso natural el líder es aquella persona en la que su grupo de pertenencia deposita su confianza para guiarlo y tomar las decisiones por ellos en pos de objetivos comunes. Cuando dicho grupo forma parte de una organización que la abarca y ésta acepta esta elección otorgándole a su vez los poderes formales, tenemos la conjunción de un liderazgo formal encarnado en el líder natural.

No siempre se encuentra al líder dentro de su grupo de pertenencia y no siempre la organización coincide con la selección natural. En estos casos es necesario incorporar al líder desde afuera de la organización.

Pero cómo saber si el candidato que se presenta y que cumple con todos los requisitos de formación técnica e intelectual tendrá, al mismo tiempo, las condiciones para que sus subordinados lo acepten como líder. Cómo saber si, más allá de su nombramiento formal, podrá ganarse la confianza de sus subordinados como para seguirlo de buen grado, plasmando un grupo de trabajo cohesionado y motivado en pos de los objetivos de la organización.

Es allí donde se debe entrar en el análisis de las condiciones que caracterizan al líder. Si revisamos los párrafos que volcamos más arriba, extraídos al azar de una serie de avisos de búsqueda de personal, advertimos que las calificaciones que adornan, complementan y amplían la descripción del liderazgo pueden formar parte de su misma definición:

Capacidad de comunicación, relacionamiento con las personas, capacidad de escucha, facilidad para transmitir conocimientos, capacidad de negociación, claridad de objetivos, determinación, mantener buenas relaciones interpersonales, trabajar en equipo, resolver conflictos en situaciones apremiantes, proactividad, compromiso, lograr soluciones superadoras de mutuo beneficio, conducción, lograr resultados de sus subordinados.

No podríamos decir mucho más para definir el liderazgo.

Y no podríamos decir mucho más para definir al Aikido. El aprendizaje del Aikido consiste precisamente en el desarrollo de estas cualidades. La práctica y las técnicas del Aikido y del Karate pueden llamarse tales, y por ello diferenciadas de las de todas las otras artes marciales, cuando son la manifestación de estas cualidades. En esto reside la verdadera grandeza de las enseñanzas del Gran Maestro Morihei Ueshiba. En haber mostrado un camino de crecimiento personal a través de la práctica.

¿Me quiere decir usted que practicando Aikido me voy a convertir en un líder?

Para contestar esta pregunta tenemos que empezar por decir que todo entrenamiento consistente en la realización de una ejercitación metódica, regular y constante, afecta a todo nuestro ser de manera integral. Esto significa que si nuestra práctica está destinada a desarrollar la musculatura y en ello empleamos nuestro esfuerzo, tiempo y atención, expandiremos esa limitada parcialidad de nuestra humanidad a expensas del crecimiento del resto de nuestras potencialidades. Ello sin desmerecer el valor de la gimnasia y la actividad física que será siempre preferible a una vida sedentaria.

Cuales son las características de la práctica del Aikido y de qué manera aporta al desarrollo del liderazgo.

  1. En primer lugar debemos señalar que el Aikido es una actividad que se efectúa entre seres humanos que interactúan entre sí. Parece algo simple pero en esta época en que las personas pasan más tiempo relacionadas con máquinas que con sus congéneres, no es una cuestión menor. Consideremos la porción del día que le dedicamos a la televisión y la computadora como elementos de entretenimiento. Y, aunque aceptemos que resultan una gran ayuda en el quehacer diario, nos pasamos otra gran parte del día trabajando frente a la computadora, hablando por teléfono y usando innumerables aparatos eléctricos en el trabajo o en el hogar. La máquina, la computadora, el teléfono se han convertido en intermediarios entre las personas, que se comunican entre si durante más tiempo que cara a cara. Podemos escuchar una voz o leer unas líneas pero no podemos mirar a los ojos, advertir gestos, sentir un perfume, tomar una mano. Cuando somos capaces de arrebatarle al día esa hora para ir al gimnasio nos zambullimos nuevamente en el mundo mecánico del fitness, el spinning, el reformer e ingenios afines. Lamentablemente, en esa interacción, no son las máquinas las que se humanizan sino que somos nosotros los que nos mecanizamos. Y el liderazgo del que estamos hablando es un atributo esencialmente del mundo humano, que se ejerce entre seres humanos, con la complejidad, la diversidad, la amplitud y la sutileza propios de las relaciones humanas
  2. El liderazgo es esencialmente un fenómeno de contacto entre el líder y sus seguidores. Una relación de unión hacia destinos comunes. El líder alienta y estimula a sus seguidores en procura de la meta pero su avance debe tener una permanente conexión con ellos. En su entusiasmo el líder puede apurar el paso hasta romper el contacto. Si se queda, pronto será superado por sus seguidores, seguramente tras otro líder. Los procesos suelen ser irreversibles pero las dificultades de relación entre el líder y sus seguidores demoran y, en ocasiones, hacen fracasar al grupo, o lo llevan a callejones sin salida. La práctica del Aikido es el desarrollo de esta capacidad de unión, de coordinación, de sincronía, de entendimiento y de protección. En su faz superior el contacto en Aikido trasciende lo físico. Mucho antes del contacto físico y mucho después, la conexión está presente e, incluso, toda la técnica puede ser desarrollada sin ningún contacto físico. Paradójicamente es allí donde se manifiesta la unión en todo su apogeo.
  3. La práctica del Aikido desarrolla la conciencia del propio centro. Un centro sólido y estable en cualquier situación es el punto de partida de toda decisión, emprendimiento o relación. Si no sabés donde estás parado, desde donde partís, cuales son tus valores esenciales, si no sabés mantener el equilibrio ante los embates de la vida sin resignar tus convicciones, tus relaciones se volverán inestables y tendrás dificultades en definir tus objetivos. Mal podrás inspirar a otros si no tenés en claro tu ubicación y tus metas.
  4. La práctica del Aikido te enseña a reconocer la realidad tal cual es y no como te gustaría que sea, que es la única manera de dar respuestas apropiadas a la situación y, eventualmente, readecuarla al logro de tus objetivos. No podés predeterminar tus acciones pues chocarás con los acontecimientos, que se producirán independientemente de tus deseos o ilusiones. Desde ese punto aprenderás a confluir con la realidad para aprovechar sus beneficios, evitar sus amenazas y lograr los cambios necesarios. El líder nace justamente de la confianza que deposita el grupo o la comunidad en él cuando percibe que lo puede guiar exitosamente a través de los obstáculos hacia su meta.
  5. Aikido te presenta una alternativa a los impulsos primitivos de huir de la situación o de lanzarte a un enfrentamiento torpe y ciego. Aprendes a evitar los efectos destructivos del ataque, recogiendo su energía y liberándola hacia un desenlace constructivo. Esta experiencia te provee de una actitud calma y al mismo tiempo oportuna y de determinación para enfrentar los acontecimientos. La aptitud de actuar como canal energético, recibiendo información, compartiéndola con su grupo, de forma de orientarlo, alentarlo y reconocer sus logros, es una cualidad básica del liderazgo.
  6. Las técnicas de Aikido se generan por la acción de dos movimientos circulares que generan una fuerza centrípeta seguida de otra centrífuga. Y ésta es tanto más poderosa cuanto lo es la anterior. Esto te enseña algo tan curioso como la aceptación y no el rechazo frente a un ataque. Esta aceptación es la proveedora de energía de la técnica. El rechazo te obliga a gastar tu propia energía. Así la capacidad de inclusión provee al líder de los recursos humanos, materiales y anímicos, que le permitirán avanzar, junto a sus seguidores, hacia la meta común.
  7. La acción expansiva del Aikido proviene, además, de una perspectiva que va más allá de lo inmediato enseñándote a no tomar como vallas infranqueables a los obstáculos que se presentan en tu camino. Esta es la base del pensamiento positivo que te ayuda a superar problemas, sortear dificultades y mirar el futuro con optimismo, característica destacada de los líderes.
Contestando a su pregunta anterior, no le garantizo que practicando Aikido usted va a salir automáticamente hecho un líder pero es seguro que si lo es, funcionarán en usted todas las características que hemos enumerado y otros aspectos más que no han sido detallados.

Así como cuando desarrollas musculatura, ésta te sirve no sólo para levantar pesas sino para cargar cualquier otra cosa, cuando desarrollas una cualidad a través de la práctica del Aikido, ésta se convierte en un activo que te beneficiará en todos los aspectos de tu vida.
Debemos tener en cuenta también que para recibir las respuestas correctas hay que hacer las preguntas correctas. Para que el Aikido te proporcione las cualidades que hemos mencionado es necesario practicarlo bajo los preceptos del Fundador, de manera correcta y con la filosofía adecuada, a riesgo de tomar un desvío que te lleve a alguna otra disciplina y, por lo tanto, a otras respuestas.

* Tomado de Grupo en Facebook Aikido para Compartir http://www.facebook.com/ajax/share_dialog.php?s=4&appid=2347471856&p%5b%5d=122723217754637&p%5b%5d=134959479863325

16 de enero de 2011

Monografía Aikido

Monografía Aikido

Por Alejandro López

Tomado de Grupo "Aikido para todos"


El aikido fue concebido por O’Sensei en términos de un “do” o vía. Esto inscribe al aikido en un conjunto más amplio de disciplinas humanas relacionadas con la búsqueda del retorno al centro. Este centro del que hablamos es un “topos” o lugar mítico que tiene múltiples dimensiones y resonancias, ya que es un símbolo (en el antiguo sentido de una señal que indica o bordea un misterio, un algo innombrable que se encuentra más allá) de la unidad fundamental de la experiencia última. Por ello no se trata sólo del si-mismo psicológico, ni del “centro del mundo” cosmográfico, ni del tiempo propicio (el kairos griego, el “aquí y ahora”), ni del centro de masa del cuerpo físico, sino de todos ellos y de algo que está por detrás de ellos y los engloba y supera.

Podríamos decir que todas estas “vías” tienen como razón de ser la experiencia del centro, la centralización. Y dado que sólo se puede ser humano plenamente en y desde el centro, desde la realidad que nutre toda otra realidad, estas son disciplinas que buscan devolver al hombre a su real y más íntima naturaleza (“la unificación de la conciencia y la vida” (Jung, 1955)), y con ello participar en el ordenamiento y creación del cosmos.


Las disciplinas de centralización de las que el aikido forma parte, se caracterizan por recurrir al uso de diversas técnicas que involucran la realización de operaciones físicas o en el mundo físico para el logro de esta deseada unificación. Dado que la centralización y la unificación que esta supone son algo que involucra pero rebasa a la conciencia y la razón, este proceso debe operar simbólicamente y esta expresión simbólica puede darse a partir no sólo de pensamientos (fantasías), dibujos (mandalas), sino también por medio de movimientos (Jung, 1955). En este sentido el aikido se encuentran cerca de uno de los extremos de una tensión entre dos polos que atraviesa el conjunto de estas prácticas: los métodos o vías de separación del mundo y la experiencia sensible, y aquellos métodos o vías de inmersión en la realidad sensible. El origen marcial del aikido lo vincula a la vida fenoménica y a uno de los aspectos de la misma que hacen más difícil la centralización: el conflicto. Ante el conflicto, la propuesta del aikido no es la de huir y evitarlo, sino la de quedarse, aceptarlo como parte natural de la existencia y resolverlo. Es por ello una vía que podemos denominar “caballeresca” en relación de complementariedad con otras vías a las que podemos llamar “monásticas”.


Es muy interesante notar los paralelos que pueden encontrarse entre algunas características del aikido y las de otras vías de centralización que implican el uso de técnicas corporales o de acción sobre el mundo sensible. Ya O’Sensei señaló los paralelos con la alquimia “el aikido está fundado en el kami, que es una alquimia de fuego (ka) y agua (mi)”. La frase remite a algo mucho más profundo que una metáfora literaria. La “alquimia” o unión de los opuestos (agua-fuego) que dan lugar al kami o manifestación de lo sagrado, está en el corazón de las concepciones de la alquimia china. Como M. Eliade señalara repetidamente, al igual que C. G. Jung, el objetivo final de las operaciones alquímicas (en Occidente o en Oriente) es la consecución de un proceso de “ennoblecimiento”, refinamiento y purificación por el “fuego” (analogía de la idea india de tapas) del alquimista, hasta llegar a la “flor de oro”, el verdadero centro y símbolo de la unión dinámica de los opuestos (Jung, 1955) (Eliade, 1996). Esto mismo, con una u otra expresión simbólica, puede verse en muchísimas vías y tradiciones de centralización, tanto “caballerescas” como “monásticas”. La idea shinto de misogi, que tan profundamente presente estaba en la mente de O’Sensei tiene profundos vínculos con este concepto. En ese mismo sentido se encuentra la noción de O’Sensei de que “masakatsu ‘victoria verdadera’ se asocia con el elemento masculino de la creación; agatsu ‘victoria sobre uno mismo’ se asocia con el elemento femenino; unidos de forma armoniosa representan katsuhayabi ‘victoria aquí mismo, ¡ahora mismo!’ un estado ideal de perfección y realización” (Stevens, 2003).


Estudiando algunos rasgos comunes a las vías caballerescas de centralización podemos encontrar interesantes pistas acerca de la práctica del aikido y su orientación. Son muy frecuentes en la literatura mística y en los tratados sobre alquimia, las advertencias acerca de los “poderes” o “virtudes” que el aprendiz puede adquirir en el proceso de desarrollo de las actividades propias de estas vías. En el caso de la mística se hablara de las visiones, olores santos, levitaciones, bilocaciones, y otros carismas extraordinarios que el orante puede alcanzar en su progreso. En el caso de la alquimia se habla de la transmutación de los metales en oro, del elixir de la inmortalidad, etc. C. G. Jung insistirá en la importancia y peligro encerrados en la liberación de fuerzas inconscientes que actúan como complejos anímicos autónomos, y que pueden derivar en la escisión de la personalidad. Es interesante observar como la alquimia china, al igual que el aikido, o el dibujo de mándalas, acentuará la importancia del movimiento circular, la circunvalación, en el proceso de evitar esta disgregación: el moverse circularmente que delimita un centro o tenemos, es pensado como una actividad que evita la dispersión, rechaza la distracción, vivifica los opuestos y simultáneamente los fija y concentra (Jung, 1955). En todos los casos se insiste en la necesidad de no prestar atención a estos “efectos secundarios”, poderes o carismas que aparecen al ir progresando en el camino y tomarlos como meros accidentes que pueden o no hacerse presentes, pero que no son ni el objetivo, ni la marca de éxito de la empresa acometida y cuya naturaleza es en el fondo ilusoria. Es más, estos carismas pueden convertirse en un lastre y un obstáculo para el real progreso (“Puedes poseer poderes milagrosos, pero si no practicas lo que predicas trabajando para la paz mundial, tus poderes no tienen sentido” O’Sensei (Stevens, 2002)). De hecho, quienes ingresaran a alguna de estas vías por el deseo de conseguir dichas facultades estarían completamente errados en sus propósitos, y difícilmente alcanzarán la meta.

Dentro del campo de las vías de integración de carácter marcial, esto se ve claramente en el kyudo o tiro tradicional con arco. Esta disciplina, altamente ritualizada, muestra claramente que la eficacia técnica no es la meta y ni siquiera la condición obligada de la práctica (Herrigel, 2003).

En el aikido estas consideraciones implican que la eficacia técnica no puede ser entendida como el objetivo a conseguir. En este sentido los poderes técnicos del aikidoka pueden ser una traba en su búsqueda del centro, sino son tratados como lo que son: medios para llegar a un fin o incluso subproductos secundarios de este proceso. El hecho de que estos poderes hayan tenido y en parte aún tengan aplicaciones prácticas, complica más las cosas. Como se sostiene en la tradición monástica, dónde el trabajo toma el carácter de una vía: “Haz tu trabajo lo mejor que puedas sin preocuparte del resultado” (Leloup, 1983).


Es muy ilustrativa al respecto la historia hindú sobre el demonio que a fuerza de ejercicios yóguicos reunió un enorme poder (tapas) pero ello no lo hizo más pleno, sino que lo convirtió en un monstruo desbocado que amenazaba el orden cósmico y a los dioses.


Por otra parte el practicante debe recordar que en realidad cualquier actividad o gesto es potencialmente el gesto liberador, y de hecho la agricultura y los oficios han estado desde antiguo profundamente relacionados a la vía caballeresca (Al Sulami, 1991) (Saotome, 1994). Lo mismo puede decirse de la vía monástica (Leloup, 1983). En palabras de Shigeto Oshida: “La oración llega a ser mejor y más real bajo condiciones propicias, esto es, algunas actividades de la vida llevadas a cabo por el aliento y la luz de lo profundo del propio ser” (Oshida, 2005). Es por esto mismo que la fase final del proceso de iluminación búdica es el “retorno al mercado” por el que el iluminado vive su vida cotidiana, pero ahora cada gesto es hecho “por el aliento y desde la luz”.


En esta perspectiva la importancia del gesto marcial radica en que la presencia del otro y del conflicto agudizan el sentido del “aquí y ahora” y nos hacen ver la radicalidad del gesto, favoreciendo que este se convierta en el ademán zen que provoca katsu “el relámpago del despertar”.

El verdadero budo no busca el poder ni la victoria. Pero ello no implica la pérdida de sinceridad en la práctica, ni de efectividad, del mismo modo que el alquimista debía concentrarse en sus operaciones químicas aunque no fueran su objetivo último. Es más en las vías caballerescas, la resistencia de la materia, el conflicto en el caso del aikido, son el acicate para el verdadero encuentro con uno mismo. Sin verdadera dificultad, verdadero conflicto, la técnica no funcionaría como puerta al corazón.

* http://www.facebook.com/ajax/share_dialog.php?s=4&appid=2347471856&p%5b%5d=122723217754637&p%5b%5d=134853516540588

Explicación Aikido

Aikikai de Cali

Aikikai de Cali
Participantes Aikikai de Cali Seminario Nacional MAYO 2012

Seminarios Sansuikai Internacional

Seminarios Sansuikai Internacional
Seminarios Sansuikai Internacional Latinoamerica

Lugares de Práctica y Horario

Sede Sur de Cali
ESCUELA DE ARTES MARCIALES DOJO VICTORIA.
Cra. 56 # 11A - 63, Dentro del Gimnasio las Pilas. Cel. 301 792 2992 Cali, Colombia.

Sede Norte de Cali
CENTRO DE ARTES MARCIALES RENSHUKAN (www.renshukan.com) Avenida. 4 Norte No. 43N-25 Barrio La Flora. Tel. +57 2 664-4709 Escuela Cel.+57 310-821-8820. Cali, Colombia

Aikikai de Cali Cel. +57 301-792-2992, +57 311-383-6144
Haz Click aquí para ver los Horarios