“... Brevemente, Aikido es bueno para tu cuerpo, tu mente y tu corazón... Y es divertido.”
Yoshimitsu Yamada Sensei - New York Aikikai

16 de enero de 2011

Monografía Aikido

Monografía Aikido

Por Alejandro López

Tomado de Grupo "Aikido para todos"


El aikido fue concebido por O’Sensei en términos de un “do” o vía. Esto inscribe al aikido en un conjunto más amplio de disciplinas humanas relacionadas con la búsqueda del retorno al centro. Este centro del que hablamos es un “topos” o lugar mítico que tiene múltiples dimensiones y resonancias, ya que es un símbolo (en el antiguo sentido de una señal que indica o bordea un misterio, un algo innombrable que se encuentra más allá) de la unidad fundamental de la experiencia última. Por ello no se trata sólo del si-mismo psicológico, ni del “centro del mundo” cosmográfico, ni del tiempo propicio (el kairos griego, el “aquí y ahora”), ni del centro de masa del cuerpo físico, sino de todos ellos y de algo que está por detrás de ellos y los engloba y supera.

Podríamos decir que todas estas “vías” tienen como razón de ser la experiencia del centro, la centralización. Y dado que sólo se puede ser humano plenamente en y desde el centro, desde la realidad que nutre toda otra realidad, estas son disciplinas que buscan devolver al hombre a su real y más íntima naturaleza (“la unificación de la conciencia y la vida” (Jung, 1955)), y con ello participar en el ordenamiento y creación del cosmos.


Las disciplinas de centralización de las que el aikido forma parte, se caracterizan por recurrir al uso de diversas técnicas que involucran la realización de operaciones físicas o en el mundo físico para el logro de esta deseada unificación. Dado que la centralización y la unificación que esta supone son algo que involucra pero rebasa a la conciencia y la razón, este proceso debe operar simbólicamente y esta expresión simbólica puede darse a partir no sólo de pensamientos (fantasías), dibujos (mandalas), sino también por medio de movimientos (Jung, 1955). En este sentido el aikido se encuentran cerca de uno de los extremos de una tensión entre dos polos que atraviesa el conjunto de estas prácticas: los métodos o vías de separación del mundo y la experiencia sensible, y aquellos métodos o vías de inmersión en la realidad sensible. El origen marcial del aikido lo vincula a la vida fenoménica y a uno de los aspectos de la misma que hacen más difícil la centralización: el conflicto. Ante el conflicto, la propuesta del aikido no es la de huir y evitarlo, sino la de quedarse, aceptarlo como parte natural de la existencia y resolverlo. Es por ello una vía que podemos denominar “caballeresca” en relación de complementariedad con otras vías a las que podemos llamar “monásticas”.


Es muy interesante notar los paralelos que pueden encontrarse entre algunas características del aikido y las de otras vías de centralización que implican el uso de técnicas corporales o de acción sobre el mundo sensible. Ya O’Sensei señaló los paralelos con la alquimia “el aikido está fundado en el kami, que es una alquimia de fuego (ka) y agua (mi)”. La frase remite a algo mucho más profundo que una metáfora literaria. La “alquimia” o unión de los opuestos (agua-fuego) que dan lugar al kami o manifestación de lo sagrado, está en el corazón de las concepciones de la alquimia china. Como M. Eliade señalara repetidamente, al igual que C. G. Jung, el objetivo final de las operaciones alquímicas (en Occidente o en Oriente) es la consecución de un proceso de “ennoblecimiento”, refinamiento y purificación por el “fuego” (analogía de la idea india de tapas) del alquimista, hasta llegar a la “flor de oro”, el verdadero centro y símbolo de la unión dinámica de los opuestos (Jung, 1955) (Eliade, 1996). Esto mismo, con una u otra expresión simbólica, puede verse en muchísimas vías y tradiciones de centralización, tanto “caballerescas” como “monásticas”. La idea shinto de misogi, que tan profundamente presente estaba en la mente de O’Sensei tiene profundos vínculos con este concepto. En ese mismo sentido se encuentra la noción de O’Sensei de que “masakatsu ‘victoria verdadera’ se asocia con el elemento masculino de la creación; agatsu ‘victoria sobre uno mismo’ se asocia con el elemento femenino; unidos de forma armoniosa representan katsuhayabi ‘victoria aquí mismo, ¡ahora mismo!’ un estado ideal de perfección y realización” (Stevens, 2003).


Estudiando algunos rasgos comunes a las vías caballerescas de centralización podemos encontrar interesantes pistas acerca de la práctica del aikido y su orientación. Son muy frecuentes en la literatura mística y en los tratados sobre alquimia, las advertencias acerca de los “poderes” o “virtudes” que el aprendiz puede adquirir en el proceso de desarrollo de las actividades propias de estas vías. En el caso de la mística se hablara de las visiones, olores santos, levitaciones, bilocaciones, y otros carismas extraordinarios que el orante puede alcanzar en su progreso. En el caso de la alquimia se habla de la transmutación de los metales en oro, del elixir de la inmortalidad, etc. C. G. Jung insistirá en la importancia y peligro encerrados en la liberación de fuerzas inconscientes que actúan como complejos anímicos autónomos, y que pueden derivar en la escisión de la personalidad. Es interesante observar como la alquimia china, al igual que el aikido, o el dibujo de mándalas, acentuará la importancia del movimiento circular, la circunvalación, en el proceso de evitar esta disgregación: el moverse circularmente que delimita un centro o tenemos, es pensado como una actividad que evita la dispersión, rechaza la distracción, vivifica los opuestos y simultáneamente los fija y concentra (Jung, 1955). En todos los casos se insiste en la necesidad de no prestar atención a estos “efectos secundarios”, poderes o carismas que aparecen al ir progresando en el camino y tomarlos como meros accidentes que pueden o no hacerse presentes, pero que no son ni el objetivo, ni la marca de éxito de la empresa acometida y cuya naturaleza es en el fondo ilusoria. Es más, estos carismas pueden convertirse en un lastre y un obstáculo para el real progreso (“Puedes poseer poderes milagrosos, pero si no practicas lo que predicas trabajando para la paz mundial, tus poderes no tienen sentido” O’Sensei (Stevens, 2002)). De hecho, quienes ingresaran a alguna de estas vías por el deseo de conseguir dichas facultades estarían completamente errados en sus propósitos, y difícilmente alcanzarán la meta.

Dentro del campo de las vías de integración de carácter marcial, esto se ve claramente en el kyudo o tiro tradicional con arco. Esta disciplina, altamente ritualizada, muestra claramente que la eficacia técnica no es la meta y ni siquiera la condición obligada de la práctica (Herrigel, 2003).

En el aikido estas consideraciones implican que la eficacia técnica no puede ser entendida como el objetivo a conseguir. En este sentido los poderes técnicos del aikidoka pueden ser una traba en su búsqueda del centro, sino son tratados como lo que son: medios para llegar a un fin o incluso subproductos secundarios de este proceso. El hecho de que estos poderes hayan tenido y en parte aún tengan aplicaciones prácticas, complica más las cosas. Como se sostiene en la tradición monástica, dónde el trabajo toma el carácter de una vía: “Haz tu trabajo lo mejor que puedas sin preocuparte del resultado” (Leloup, 1983).


Es muy ilustrativa al respecto la historia hindú sobre el demonio que a fuerza de ejercicios yóguicos reunió un enorme poder (tapas) pero ello no lo hizo más pleno, sino que lo convirtió en un monstruo desbocado que amenazaba el orden cósmico y a los dioses.


Por otra parte el practicante debe recordar que en realidad cualquier actividad o gesto es potencialmente el gesto liberador, y de hecho la agricultura y los oficios han estado desde antiguo profundamente relacionados a la vía caballeresca (Al Sulami, 1991) (Saotome, 1994). Lo mismo puede decirse de la vía monástica (Leloup, 1983). En palabras de Shigeto Oshida: “La oración llega a ser mejor y más real bajo condiciones propicias, esto es, algunas actividades de la vida llevadas a cabo por el aliento y la luz de lo profundo del propio ser” (Oshida, 2005). Es por esto mismo que la fase final del proceso de iluminación búdica es el “retorno al mercado” por el que el iluminado vive su vida cotidiana, pero ahora cada gesto es hecho “por el aliento y desde la luz”.


En esta perspectiva la importancia del gesto marcial radica en que la presencia del otro y del conflicto agudizan el sentido del “aquí y ahora” y nos hacen ver la radicalidad del gesto, favoreciendo que este se convierta en el ademán zen que provoca katsu “el relámpago del despertar”.

El verdadero budo no busca el poder ni la victoria. Pero ello no implica la pérdida de sinceridad en la práctica, ni de efectividad, del mismo modo que el alquimista debía concentrarse en sus operaciones químicas aunque no fueran su objetivo último. Es más en las vías caballerescas, la resistencia de la materia, el conflicto en el caso del aikido, son el acicate para el verdadero encuentro con uno mismo. Sin verdadera dificultad, verdadero conflicto, la técnica no funcionaría como puerta al corazón.

* http://www.facebook.com/ajax/share_dialog.php?s=4&appid=2347471856&p%5b%5d=122723217754637&p%5b%5d=134853516540588

Publicar un comentario

Explicación Aikido

Aikikai de Cali

Aikikai de Cali
Participantes Aikikai de Cali Seminario Nacional MAYO 2012

Seminarios Sansuikai Internacional

Seminarios Sansuikai Internacional
Seminarios Sansuikai Internacional Latinoamerica

Lugares de Práctica y Horario

Sede Sur de Cali
ESCUELA DE ARTES MARCIALES DOJO VICTORIA.
Cra. 56 # 11A - 63, Dentro del Gimnasio las Pilas. Cel. 301 792 2992 Cali, Colombia.

Sede Norte de Cali
CENTRO DE ARTES MARCIALES RENSHUKAN (www.renshukan.com) Avenida. 4 Norte No. 43N-25 Barrio La Flora. Tel. +57 2 664-4709 Escuela Cel.+57 310-821-8820. Cali, Colombia

Aikikai de Cali Cel. +57 301-792-2992, +57 311-383-6144
Haz Click aquí para ver los Horarios