“... Brevemente, Aikido es bueno para tu cuerpo, tu mente y tu corazón... Y es divertido.”
Yoshimitsu Yamada Sensei - New York Aikikai

15 de diciembre de 2012

Aikido, la no violencia y la maestría emocional


Aikido, la no violencia y la maestría emocional



Tengo un gran amigo llamado Brent que tiene una pasión por el Aikido. Me invito una vez a ver uno de sus entrenamientos. Fue una noche encantadora donde vi disciplina, comunicación entre seres humanos, un gran cuidado por el cuerpo y la mente, respeto y felicidad. Es la forma de arte marcial, con la cual mas me identifico. Me encantan sus pensamientos y filosofías. Encontré una descripción corta y concisa del arte de aikido en un libro que estoy leyendo actualmente “Inteligencia Emocional” del autor Daniel Goleman (el cual fue el libro que mas me influencio el año pasado, un libro que merece y eventualmente recibirá su propio artículo de blog acá): “Aikido es el arte de la reconciliación. El que tiene el deseo de usar violencia ha perdido su conexión con el universo. Si uno trata de dominar a las personas ya has sido derrotado. Aikido es el estudio de como resolver conflictos, no como comenzarlos.”

Aunque me encanto ver el entrenamiento de Aikido, no sentí que me era para mi. Como dicen muchos hombres cuando están tratando de terminar una relación, “No eres tu el problema, soy yo. Y era la verdad pues no estaba tratando de salirme de ninguna clase de compromiso ni siento que haya nada mal con aikido. Es mas bien que yo vivo mi vida con la filosofía de no violencia. Entonces aunque la meta sea correcta, el método no es lo que yo escogería. Aunque de hecho aikido es un método de no violencia (porque por definición la violencia es agresiva y tiene la intención de causar daño), la fuerza física y las técnicas usadas en el aikido pueden causar mucho daño ya sea por mal uso o simple error. Un problema que siempre he tenido es que en situaciones en donde usan violencia contra mi, no he sabido mejor solución que el usar la violencia para protegerme (aparte de correr, cuando hay esa opción). Pero hoy tuve uno de esos momentos de iluminación divina, un momento de realización, un “aha!” La herramienta que necesito para solucionar situaciones violentas y poder vivir con mi filosofía de no violencia es maestría emocional.

Acá esta el cuento que relata Daniel Golman y el cual inspiró este blog. Un buen amigo suyo, Terry Dobson, que estaba en ese momento en Japón estudiando aikido, se encontró en una situación violenta en un metro y estaba a punto de poner en practica sus conocimientos aprendidos para dominar a este hombre grande y borracho que estaba actuando violentamente contra los pasajeros de ese tren. Justamente en el momento en que iba a confrontar a este hombre, otro señor mayor y mas sabio nos enseño a todos una gran lección de maestría emocional.

“Terry se levanto lenta pero deliberadamente. Al verlo, el borracho grito, ‘Ah! Un extranjero! Tu necesitas una lección en modales japoneses!’ y se alisto para atacar a Terry. Pero justo en el momento de atacar, alguien grito con una voz llena de alegría... “Hola!” El grito tenía un tono agradable, como el de quien se encuentra de repente con un viejo y querido amigo.

El borracho, sorprendido, se volteo a ver a un hombre japones pequeño, de 70 años vestido en un kimono. El hombre miro con amor al borracho y con la mano le señalo que se acercara. El borracho se acerco dándole una mirada que decía, ‘¿Por que diablos debería escucharlo a usted?’ ‘¿Que haz estado tomando?’ le pregunto el hombre mayor, con ojos que irradiaban compasión. ‘¿Sake, y que le importa a usted? grito el borracho. 'Ah que bueno' dijo el anciano en un tono amigable. 'Vez, a mi también me encanta el sake. Cada noche mi esposa y yo calentamos una botella de sake y salimos al jardín y nos sentamos en una vieja banca… Le contó sobre sus arboles de caqui que tenía en el jardín, los demás tesoros que tenía en el jardín y sus noche tomando sake.

La cara del borracho comenzó a calmarse y sus puños se relajaron.

‘Si… me encanta el árbol de caqui, también…’ dijo con voz calmada. 'Si', respondió el anciano con una voz llena de energía, ‘y estoy seguro de que tienes una esposa maravillosa. 'No', respondió el hombre. 'Mi esposa murió…' 

Llorando, el hombre le contó la triste historia de como había perdido su esposa, su casa, su trabajo, y el hecho de estar avergonzado de su vida.

En ese momento llego el metro a la parada de Terry y al bajarse oyó como el anciano invitaba al borracho a su casa a charlar y vio como el borracho se acostó en la silla del tren con su cabeza en las rodillas del anciano.

Eso es maestría emocional.”

Yo soy Colombiano y la situación de violencia en mi país es algo que me hiere el corazón y por el cual siento pasión. Se que no sería capaz de manejar la situación del metro como lo hizo el anciano. Algún día espero que si. No puedo imaginarme el tener que enfrentar los horrores de violencia que se viven a diario en mi país, tanto físicos como psicológicos y menos el tener la paz y la fuerza para poder enfrentar una situación así con maestría emocional. El secuestro es una de las cosas mas horrorosas que me puedo imaginar, tanto para el secuestrado como para los amados que quedan en ese horror psicológico del incierto.

He tenido el honor de conocer a alguien con esa clase de maestría emocional. Es el padre de un amigo mio de la escuela, un hombre de mucha cultura y sabiduría, un actor de profesión. El fue secuestrado al principio de los noventas y estuvo en captura durante casi dos años. Su reacción ante la situación fue el de tratar de entender y amara a sus secuestradores en lo que fuera posible. Luego de un tiempo entro en confianza con unos de los miembros de la guerrilla que lo habían secuestrado y se dio cuenta que mucho de ellos no sabían leer ni escribir. Entonces dedico los siguientes dos años de su vida a enseñarles a sus captores a leer y escribir. Luego fue “milagrosamente” liberado sin daño ni recompensa. Eso es maestría emocional.

Yo se que Colombia esta lleno de héroes de la vida diaria, cuyos cuentos nunca se dan a conocer, pues los medio de prensa tienen intereses en publicar miedo y horror. Si sabes de uno de estos héroes cotidianos, me encantaría saber su cuento.

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(La imagen que he puesto es mi fotografía favorita sobre la guerra en Colombia, tomada por León Dario Pelaez. Fue publicada en la revista”Reporteros Sin Fronteras” en octubre del 2007, edición que recibí de regalo de mi gran amiga y mentora Malle. Gracias Malle!)

1 de diciembre de 2012

En Orbita "Aikido, el camino de la energía y la armonía"

Aikido, el camino de la energía y la armonía




 
Por:
Nicolás Guarín / @nicolasguarin

Paul Scheuermann, es un experimentado practicante colombiano de Aikido, ó, en menos palabras un Aikidoka, que hace años asiste disciplinadamente al Centro de Artes Marciales de Kioto. Luego de haber visto una de las prácticas de su dojo llamado “AIKIDO KIOTO” me quedaron sonando de la sensei, la maestra: “Cuando yo muestro las técnicas, es muy importante que ustedes vean lo que no se ve”

“¿Qué es lo que no se ve?” le pregunta a Paul más tarde. Un “mmmm” prologado me hizo entender que había tocado un tema complejo de responder. Paul ya ha desarrollado algo que la mayoría de los Japoneses tienen y que a la vez, algunos colombianos como yo carecemos: Control del la palabra. Es decir, Paul piensa muy bien antes de hablar.
“Lo que no se ve es la práctica de mañana, la práctica de ayer, la práctica de pasado mañana. Esto es algo que está profundamente arraigado en el Budismo” fue lo primero que respondió este colombiano que desde hace 8 años vino a Japón para profundizar sus conocimientos en el Aikido y entender cómo en un país con un pasado de guerreros, se creó un arte marcial basado en el control de la violencia y la protección del adversario.

“El Budismo es una religión que le da mucha importancia a la contemplación. Pero la contemplación no es una actividad pasiva de simplemente estar ahí en las nubes, sino de observar muy atentamente todo lo que está pasando alrededor” Añadió Paul y escuchando esto, pude entender mejor a qué se refería. Sólo recordando lo visto en la práctica de Aikido en el dojo, me fue fácil confirmar que la observación, la precisión y la concentración son fundamentales en este arte marcial no competitivo.

Un ejemplo son las numerosas correcciones que hace la maestra durante la práctica y que generalmente se hacen usando los cuerpos de los estudiantes. En ellas no son extraños los comentarios cómo este: “A un atacante más grande que uno, no se le puede tomar del antebrazo por que le puede devolver la técnica. Se le toma de acá, de la mitad de la palma de la mano. Así con estos cuatro dedos acá y este otro acá. Si no lo toman de acá, así, es imposible. Imposible, imposible”.

En el Aikido tener en cuenta todos los elementos que afectan el resultado: La velocidad del atacante, su peso, la forma del cuerpo y su comportamiento, el ángulo en el que ataca, el momento en que debe ser aplicada la técnica, la intención con la que ataca el oponente. Todo esto, en fracciones de segundo, es lo que se tiene que observar y entender para poder aplicar una técnica. Una decisión tomada en un instante, que llevada a un caso extremo podría salvar una vida. “Todo ese estudio es lo que comporta la práctica del Aikido” resumió Paul. “Meditación a la Aikido” pensé yo.

“Pero esta forma de contemplar a través de hacer una actividad no sólo es para el Aikido, y se puede ver en Japón casi diariamente. No sólo en los lugares obvios como los jardines de los templos budistas y en la ceremonia del té, sino también en las actividades cotidianas como la escritura, el dibujo, la fotografía, la cocina y los arreglos florarles.

Esa parte contemplativa en un actividad se marca con la palabra “camino” en Japonés que se dice “Do”. Ese es el “Do” del “Sado” la ceremonia del té, el “Do” del “Shodo” la caligrafía japonesa, y por supuesto, el “Do” del Aikido. Como la mayoría de japoneses entran en contacto con alguna de estas prácticas desde pequeños, desarrollan un muy alto de nivel observación y apreciación por los detalles.

“Cuando se observa cada detalle, se mira con atención cómo funcionan las cosas y se entiende lo que está alrededor, se puede actuar” Fue lo último que me dijo Paul sobre lo que se aprende haciendo Aikido, justo antes de que termináramos la entrevista.

Desde que escuché esas palabras no son más claras para mí el Aikido y en muchas actividades japonesas ese algo que antes no podía ver.


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